Por Pedro Martínez
18 de febrero de 2025Hasta ahora, y debido a las infinitas variables que existen entre personas (peso, altura, antecedentes, etc.), los estudios epidemiológicos no eran capaces de demostrar una evidencia real sobre la relación entre el estrés y la aparición del cáncer, sin embargo, el Instituto Karolinska de Suecia ha demostrado que el estrés crónico puede favorecer la aparición y el crecimiento de tumores de manera directa.
Concretamente, la investigación ha demostrado el efecto negativo que tiene el estrés sobre el sistema inmunológico, impidiéndole eliminar las células anómalas que detecte por todo el cuerpo, favoreciendo así la proliferación de células cancerosas o precancerosas.
Cuando un individuo se expone a una situación de estrés, el sistema nervioso autónomo comienza la producción de cortisol, adrenalina y noradrenalina. Esta respuesta del organismo prioriza las respuestas musculares y cerebrales con el objetivo de poder huir o luchar. En el momento se activa este mecanismo y otros procesos vitales, como las reparación y eliminación de células anormales, quedan en segundo plano. De este modo, cuando la situación de estrés se prolonga en el tiempo hasta volverse crónica, es posible que la eliminación de células anormales no se produzca de manera normal, lo que facilita la aparición y progresión del cáncer, así como otras muchas enfermedades neurodegenerativas como el párkinson o el alzhéimer.