
Por Medicina Responsable
17 de septiembre de 2026Un equipo de investigadores de Stanford Medicine ha conseguido integrar tejido cerebral humano cultivado en laboratorio en el cerebro de ratones modificados genéticamente para estudiar en vivo el funcionamiento de la corteza cerebral y emplearlo en la investigación de enfermedades. El trabajo se ha publicado el 16 de septiembre en la revista Nature y ha tratado de superar una de las principales limitaciones de los llamados organoides cerebrales.
Los científicos han utilizado organoides corticales humanos, pequeños conjuntos de tejido derivados de células madre que han reproducido algunas características de la corteza cerebral. Estos organoides se han trasplantado a ratones especialmente modificados para que las neuronas excitadoras que normalmente han formado gran parte de su corteza no hayan sobrevivido.
El resultado ha mostrado una integración considerable. Según el estudio, los organoides han crecido de forma robusta y han llegado a ocupar la mayor parte del volumen cortical disponible. Las neuronas humanas han establecido conexiones con el sistema nervioso del ratón y han desarrollado proyecciones hacia otras regiones cerebrales y la médula espinal.
Uno de los aspectos que los investigadores han destacado ha sido la diversidad de células humanas que se han desarrollado en este entorno. El tejido trasplantado ha producido diferentes tipos de neuronas de la corteza cerebral, incluidas células que hasta ahora han resultado especialmente difíciles de generar y estudiar mediante cultivos convencionales.
El modelo también ha permitido estudiar la respuesta del tejido humano ante una situación de falta de oxígeno. Los investigadores han sometido a los animales a cinco horas de hipoxia y el tejido cortical humano ha sufrido daños. Además, los ratones han mostrado alteraciones en la marcha y el equilibrio.
El avance, sin embargo, no ha supuesto la creación de un cerebro humano dentro de un ratón. El estudio ha utilizado tejido cerebral humano integrado en un organismo animal como herramienta experimental para investigar determinados aspectos del desarrollo y funcionamiento de los circuitos neuronales.
Los investigadores también han abordado las cuestiones éticas relacionadas con este tipo de modelos y han trabajado con especialistas para establecer límites a la investigación.
De este modo, el trabajo ha supuesto un nuevo paso en el desarrollo de modelos capaces de combinar células humanas con organismos animales. Su objetivo ha sido proporcionar a los investigadores un entorno vivo en el que han podido estudiar procesos del desarrollo cerebral que han resultado difíciles de observar directamente en seres humanos.