
Por Santiago Melo
3 de septiembre de 2026La personalidad no depende de un único factor ni puede explicarse a partir de una sola variante genética. Un macroestudio internacional publicado en Nature ha identificado 1.260 variantes asociadas a los cinco grandes rasgos de personalidad y confirma que nuestra forma de ser surge de una combinación compleja entre predisposición genética y experiencias personales.
La investigación, desarrollada por el Consorcio de Genómica Reactivada de la Personalidad, reunió datos de 1,14 millones de personas procedentes de 46 cohortes de distintos países. Todos los participantes aportaron una muestra de ADN y completaron cuestionarios para evaluar los cinco grandes rasgos de personalidad: extraversión, amabilidad, responsabilidad, neuroticismo y apertura a la experiencia.
Los investigadores encontraron asociaciones estadísticamente robustas entre esas variantes y los distintos rasgos, aunque cada una de ellas tiene un efecto muy pequeño por separado. “No existe un único ‘gen de la personalidad’”, explica Ted Schwaba, autor principal del estudio y profesor de Psicología de la Universidad Estatal de Michigan. “Los rasgos de personalidad están asociados con muchas variantes genéticas, pero incluso los efectos más significativos de las variantes individuales son muy pequeños”.
En conjunto, las variantes identificadas explican entre un 4,8% y un 9,3% de las diferencias observadas en cada uno de los rasgos. Cuando se corrigen las imprecisiones habituales de los cuestionarios de personalidad, esa proporción aumenta hasta situarse entre el 9,3% y el 13,3%.
El estudio se basa en el modelo conocido como Big Five, uno de los más utilizados en psicología para describir las diferencias estables entre personas. La extraversión refleja la tendencia a buscar la sociabilidad y la energía; la amabilidad, la confianza y la cooperación; la responsabilidad, la organización y la disciplina; el neuroticismo, la tendencia a experimentar ansiedad o inestabilidad emocional; y la apertura a la experiencia, la curiosidad y el interés por nuevas ideas.
Uno de los resultados más llamativos es que las asociaciones genéticas se mantuvieron incluso al comparar familiares entre sí. Los investigadores analizaron hermanos y relaciones entre padres e hijos y comprobaron que los resultados no podían explicarse simplemente por haber crecido en un mismo entorno familiar.
Aun así, los autores insisten en que la genética no determina la personalidad de una persona concreta. Las asociaciones funcionan de manera probabilística al estudiar grandes grupos y pueden interactuar con el entorno y con las experiencias acumuladas a lo largo de la vida.
El trabajo también relacionó estos rasgos con numerosos resultados de la vida cotidiana. Las variantes asociadas a una mayor responsabilidad se vincularon con más actividad durante el día, menor consumo de tabaco y un índice de masa corporal más bajo.
Por su parte, las relacionadas con la apertura a la experiencia y la extraversión se asociaron con una mayor tendencia a la actividad nocturna. La apertura también apareció relacionada con una mayor probabilidad de mudarse, durante la edad adulta, a zonas urbanas y cosmopolitas.
Los investigadores encontraron además conexiones con la salud mental y física, la longevidad, la educación y la trayectoria profesional. Por ejemplo, las variantes relacionadas con el neuroticismo se asociaron con estancias hospitalarias más prolongadas, mientras que las vinculadas a la apertura a nuevas experiencias aparecieron relacionadas con los ingresos y con una mayor tendencia a cambiar de trabajo.
Los resultados refuerzan así la idea de que personalidad, genética y entorno están estrechamente conectados. Para los autores, conocer mejor estas relaciones puede ayudar a incorporar la personalidad a investigaciones sobre salud, educación, empleo o envejecimiento, aunque advierten de que estos datos no permiten predecir de forma fiable cómo será un individuo concreto.