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Cinco años después del volcán de La Palma: más tos y alteraciones pulmonares entre la población expuesta

El proyecto ASHES, desarrollado por la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica, ha seguido la salud respiratoria de más de 1.000 personas para estudiar las consecuencias de la exposición a cenizas y gases volcánicos

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Cinco años después del volcán de La Palma: más tos y alteraciones pulmonares entre la población expuesta
Volcán Tajogaite, en La Palma. Foto: EuropaPress

Por Santiago Melo

23 de septiembre de 2026

La erupción del volcán Tajogaite, en La Palma, no solo transformó el paisaje de la isla, sino que también ha dejado consecuencias en la salud de sus habitantes. Cinco años después del inicio de la actividad volcánica, una investigación impulsada por la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR) ha encontrado una relación entre la exposición prolongada a las cenizas y los gases y la aparición de problemas respiratorios que, en algunos casos, persisten tiempo después de finalizar la erupción.

Los resultados del proyecto ASHES, presentados en el Hospital Universitario de La Palma, muestran que las personas más expuestas al volcán tienen hasta tres veces más probabilidad de presentar tos y el doble de alteraciones compatibles con un patrón obstructivo pulmonar. Los investigadores también han observado una relación entre la intensidad de la exposición y la presencia de síntomas, de manera que los grupos que estuvieron más expuestos registraron una mayor afectación respiratoria.

El estudio comenzó tras la erupción de 2021, que se prolongó durante 85 días, entre septiembre y diciembre, y expuso a miles de personas a cenizas volcánicas, dióxido de azufre y otros contaminantes atmosféricos. La investigación ha incluido a más de 1.000 participantes y ha comparado la evolución de diferentes grupos de población de la isla, tanto expuestos como no expuestos, mediante pruebas completas de función pulmonar, cuestionarios de salud y recogida de muestras biológicas.

Entre los hallazgos destaca el aumento de la dificultad para respirar, cuya probabilidad llegó a ser 9,1 veces mayor en el grupo de alta exposición y 11 veces mayor en el de exposición moderada. Los investigadores también han encontrado indicios de nueva patología respiratoria que, en determinadas personas, podría no ser reversible.

Estas alteraciones se suman al incremento de la tos y a los cambios observados en las pruebas de función pulmonar, que apuntan a una mayor presencia de problemas obstructivos entre las personas que estuvieron más expuestas a las emisiones volcánicas.

Los niños y las personas con enfermedades previas, entre los más vulnerables

La investigación también ha prestado especial atención a la población infantil. En uno de los estudios participaron 188 menores, entre los que se detectó una elevada frecuencia de síntomas respiratorios durante y después de la erupción.

Entre el 25% y el 50% de los niños presentaron molestias como picor nasal y congestión, mientras que aproximadamente el 60% notificó picor ocular, aunque este último síntoma disminuyó posteriormente. Otras manifestaciones, como tos, dolores de cabeza, congestión nasal, dolor de garganta y problemas cutáneos, continuaron registrándose entre 10 y 17 meses después de finalizar la erupción.

Los resultados también apuntan a una mayor vulnerabilidad de los menores con enfermedades respiratorias previas, como el asma, y de aquellos expuestos al humo del tabaco. Según Valle Velasco, investigadora principal del proyecto ASHES en población pediátrica, estas circunstancias parecen aumentar la susceptibilidad de los niños a los efectos de la exposición volcánica.

El análisis ha encontrado además diferencias entre hombres y mujeres. En el grupo de exposición moderada, las mujeres presentaron una mediana de cinco síntomas, frente a los 3,5 registrados entre los hombres. Los investigadores plantean que las diferencias en la capacidad pulmonar podrían contribuir a explicar parte de esta mayor susceptibilidad a los gases irritantes, aunque se trata de una posible explicación que requiere más investigación.

Las consecuencias de la erupción no se han limitado a las enfermedades respiratorias. El proyecto ASHES también ha identificado un incremento del uso de recursos sanitarios, incluidas las consultas en los servicios de urgencias, así como alteraciones relacionadas con la salud mental.

Entre los resultados destaca un mayor consumo de ansiolíticos, especialmente entre las mujeres. Los investigadores también han observado un aumento de determinados marcadores inflamatorios, como las interleucinas, y mantienen abiertas nuevas líneas de análisis para estudiar su posible relación con los cambios en la función respiratoria.

Ciro Casanova, investigador del proyecto, neumólogo del Hospital Universitario Nuestra Señora de la Candelaria y catedrático de Neumología de la Universidad de La Laguna, insiste en que el seguimiento sanitario debe mantenerse incluso después de que desaparezca la actividad volcánica. “Una erupción no termina cuando cesa la actividad volcánica; la vigilancia sanitaria debe continuar y adaptarse a los perfiles más vulnerables, especialmente menores y personas con enfermedad respiratoria previa”, señala.

El proyecto continúa abierto y sus investigadores mantienen el seguimiento de los participantes para conocer mejor la evolución de los efectos respiratorios a medio y largo plazo. David de la Rosa, presidente de SEPAR, resume su objetivo: “ASHES nace para convertir una emergencia real en conocimiento útil, con datos que ayuden a proteger mejor a la población en futuras erupciones”.



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