
Por Medicina Responsable
13 de enero de 2026Hacer una llamada telefónica difícil, recoger y ordenar la casa, empezar un informe que temes que sea criticado o preparar una presentación que te estresa solo de pensarlo. "No suena muy apetecible. ¿Mejor me quedo en la cama? Aunque se que tarde o temprano tendré que hacerlo", dice tu voz interior.
Estos pensamientos, que a cualquier persona le han invadido en algún momento de su vida, son los relacionados con la abulia o la procrastinación; es decir, la acción de posponer tareas importantes a pesar de saber que traerá consecuencias negativas. Pero, ¿y si fuera tu cerebro el que frenara tu motivación? ¿Y si tu voz interior, esa que dice que se está mejor en la cama, tuviera una explicación científica?
Pues, efectivamente, la tiene. Un equipo de investigación del Instituto de Estudios Avanzados de Biología Humana (ASHBi) de la Universidad de Kioto (Japón) ha aplicado una técnica genética avanzada denominada quimiogenética a monos altamente inteligentes, para permitir ajustar la comunicación temporal entre regiones cerebrales específicas e identificar un circuito que actúa como freno a la motivación. En otras palabras, han dado con la clave de por qué nos sentimos desmotivados cuando tenemos que realizar algunas tareas. Los resultados han sido publicados en la revista científica Current Biology.
Según las hipótesis ya establecidas, antes de actuar, el cerebro evalúa el esfuerzo que puede suponer una tarea. Si el coste se percibe como excesivo, la motivación disminuye. Sin embargo, hasta ahora no se ha aclarado cómo el cerebro convierte este juicio en una decisión de no actuar. Para explorar esta cuestión, el nuevo trabajo entrenó a monos para realizar dos tipos de tareas, una con una recompensa de agua y otra con la misma cantidad de agua y una desagradable bocanada de aire en la cara. Además, antes de cada prueba, los monos veían una señal y podían decidir libremente si empezaban o no.
Los investigadores no se centraron en la opción elegida por los monos, sino en algo más fundamental: observar si dieron el primer paso. Como era de esperar, cuando la tarea solo implicaba una recompensa, los monos solían empezar sin dudarlo. Pero cuando la tarea implicaba una desagradable bocanada de aire, a menudo se abstenían, aunque todavía hubiera una recompensa disponible.
Ante las respuestas de los monos, los científicos debilitaron temporalmente una conexión cerebral específica que vincula dos regiones implicadas en la motivación: el estriado ventral (EV) y el pálido ventral (PV). Es decir, la región cerebral implicada en la recompensa, la motivación y el aprendizaje, y la región cerebral que recibe señales del estriado ventral y las transmite a otras partes del cerebro. De esta forma, en la tarea de solo recompensa, la supresión de esta vía tuvo poco efecto en el comportamiento de los monos, quienes iniciaron la tarea con normalidad. Por el contrario, en las tareas que implicaban una desagradable bocanada de aire, el freno mental para comenzar se había aliviado: los monos se mostraron mucho más dispuestos a comenzar.
Los investigadores analizaron con mayor detalle qué sucedía realmente en estas regiones cerebrales durante este proceso. La actividad neuronal en el EV aumentó durante la tarea estresante, lo que sugiere que ayuda al cerebro a registrar cuándo una situación resulta estresante. En cambio, la actividad en el PV disminuyó gradualmente a medida que los monos se mostraban menos dispuestos a iniciar la tarea, lo que demuestra que estas dos regiones desempeñan funciones diferentes. En conjunto, estos hallazgos demuestran que la vía del EV al PV funciona como un "freno de motivación" que suprime el botón interno de "ir", especialmente al enfrentarse a tareas estresantes o desagradables.
Este descubrimiento del "freno de motivación" EV-PV podría arrojar luz sobre afecciones como la depresión y la esquizofrenia, donde es común una pérdida grave de motivación. En el futuro, intervenciones como la estimulación cerebral profunda, la estimulación cerebral no invasiva o nuevas estrategias farmacológicas podrían apuntar a ajustar este freno cuando se vuelva demasiado rígido. No obstante, este "freno" existe por una razón. Mientras que un freno demasiado rígido puede conducir a la abulia, un freno demasiado flexible podría dificultar la detención, incluso en situaciones excesivamente estresantes, lo que podría llevar al agotamiento. En otras palabras, el circuito EV-PV podría ayudar a mantener la motivación dentro de un rango saludable. "Debilitar excesivamente el freno de motivación podría conducir a comportamientos peligrosos o a una asunción excesiva de riesgos", matiza Ken-ichi Amemori, autor principal del estudio. "Será necesaria una validación cuidadosa y un debate ético para determinar cómo y cuándo deben utilizarse dichas intervenciones".
En la sociedad moderna, especialmente en una época en la que el agotamiento profesional está en su punto más alto, estos hallazgos invitan a repensar el verdadero significado de la "motivación". El cerebro puede reducir activamente el impulso de actuar cuando las tareas son desagradables o estresantes, por lo que empezar no se trata solo de fuerza de voluntad. En lugar de intentar impulsar la motivación a la fuerza, el enfoque debería centrarse en cómo la sociedad puede apoyar mejor a las personas para afrontar el estrés. Esta es una cuestión que merece un diálogo social más amplio.