
Por Gonzalo de Esteban
16 de octubre de 2026El cribado del cáncer de mama se encamina hacia un cambio histórico de la mano de la tecnología. A partir del análisis de una única mamografía catalogada como normal, la inteligencia artificial permite calcular el porcentaje exacto de probabilidad que tiene una mujer de desarrollar la enfermedad en los siguientes cinco años. Este avance abre la puerta a dejar atrás las revisiones estandarizadas e implantar un modelo de prevención hecho a la medida de cada paciente.
Así lo explica la doctora Marina Álvarez, especialista de la Sociedad Española de Radiología Médica (SERAM) e investigadora del Hospital Universitario Reina Sofía de Córdoba y el IMIBIC: “El cribado no va a ser igual para todas las mujeres; será personalizado, individualizado y, por lo tanto, mucho más efectivo”.
A diferencia de las herramientas convencionales de apoyo al diagnóstico, este software basado en deep learning no busca lesiones en el momento de la prueba, sino que predice lo que puede ocurrir a medio plazo. El sistema mide de forma automática y objetiva la densidad mamaria (la proporción de tejido glandular frente a tejido graso) y va un paso más allá al examinar la textura y los patrones del tejido mamario, detalles del parénquima que resultan del todo invisibles para la vista humana.
El equipo del Hospital Reina Sofía es el único centro español que participa en un estudio internacional para validar de forma masiva la herramienta ‘Transpara Risk Index’, entrenada con más de 200.000 mamografías y 6.000 tumores. Los primeros resultados del ensayo, sobre 27.172 mamografías normales y 2.011 cánceres aparecidos posteriormente, revelan que el 10% de las mujeres señaladas por la IA como de mayor riesgo concentró cerca del 30% de los tumores diagnosticados en los cinco años siguientes. En comparación, la medición tradicional por densidad mamaria solo logró captar al 13% de esos casos.
Hasta ahora, calcular el riesgo mediante estudios genéticos o cuestionarios clínicos resultaba lento, costoso e imposible de trasladar a millones de mujeres en la sanidad pública. La automatización del análisis facilitará decidir la frecuencia de las pruebas y la técnica adecuada para cada persona de forma sencilla.
De este modo, a las mujeres identificadas de bajo riesgo se les podrá espaciar el calendario de revisiones o simplificar el seguimiento. En cambio, para aquellas clasificadas en la franja de alto riesgo, los profesionales podrán intensificar los controles, emplear técnicas de alta precisión como la resonancia magnética o la mamografía con contraste, y poner en marcha estrategias preventivas precoces para cuidar de su salud.