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Así es desde dentro la farmacia más antigua de España

La botica lleva a sus espaldas 297 años de historia y es uno de los emblemas de Peñaranda de Duero, municipio situado al sur de la provincia de Burgos

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Así es desde dentro la farmacia más antigua de España

Por Lucía de Mingo

11 de enero de 2023

Ubicadas en el número 19 de la calle Botica de Peñaranda de Duero (Burgos) encontramos las puertas de un patrimonio declarado bien de interés cultural en abril de 2007. Las petunias rosas resbalan entre los barrotes de sus ventanas en primavera. No parece que hayan pasado los años por su fachada gris, aunque su letrero, que aún conserva la estética de la época, es toda una declaración de intenciones sobre lo que esconde en su interior. 

El siglo XVIII fue el Siglo de las Luces, el siglo de los grandes químicos y de los grandes botánicos. La familia Jimeno llegó al pueblo en 1685, pero no fue hasta 1725 cuando Andrés Jimeno dio vida a esta botica para que su hijo Lucas, que también era boticario, ejerciese en ella. ¿Quién le iba a decir que 297 años después iba a ser uno de los emblemas de Peñaranda de Duero? A pesar de que han pasado ocho generaciones de farmacéuticos de la familia Jimeno, la farmacia permanece anclada en el tiempo y, aunque ahora lo que más se escucha es “una caja de ibuprofeno por favor”, siguen conservando la esencia de la época. 

María José Jimeno regenta actualmente la botica que, con tanto mimo, cuidó su padre. “Mi padre quiso mantener lo que consideraba que era un patrimonio que pertenecía a la historia de la farmacia y de su familia”. Considera que es una privilegiada por conocer de primera mano la historia tanto de su profesión como de su familia. 

“He tenido la suerte de poder trabajar en una farmacia histórica que además pertenece a mi familia, es un legado que te exige una responsabilidad que creo que hay que ejercerla y por eso he querido conservarla”

María José Jimeno en el interior de la botica / Botica de Peñaranda de Duero

Entrar entre estas cuatro paredes supone hacer un largo viaje en el tiempo. Botes de cerámica que antes cobijaban los ungüentos de la época: polvo de mostaza, quina de Loja, canela de Ceylán; frascos de vidrio soplado de todas las formas y tamaños que salvaguardaban todo tipo de bálsamos, drogas y aceites. Las astas de venado que se usaban como antidiarreicos enmarcan sus cornisas y hornillos, pildoreros, morteros, recetarios, tratados antiguos y una gran colección de libros de medicina y farmacología visten el esqueleto de madera de la botica. 

Sobre sus techos colgaban aves rapaces y sobre sus paredes decenas de sartenes, ollas y cazos de metal parecían esperar a estar entre las manos del boticario. Por sus suelos, con motivos geométricos, transitaban decenas de vecinos ansiosos de llevarse a sus casas algo que acabara con sus dolores.  Sin embargo, ahora también transitan cientos de curiosos turistas deseosos de sumergirse en sus dependencias.

Para María José la farmacia como entidad ha cambiado mucho durante los últimos años. Señala que ahora se formula menos o ni si quiera se hace, solo se dispensa y verifica que el estado del medicamento sea óptimo. Y es que, anteriormente, la función del boticario residía en formular y prescribir después de que el paciente acudiera a la botica con el diagnóstico del médico. Además, resalta la importancia de la farmacia rural en pueblos con pocos habitantes, con poca movilidad y con pocos servicios. 

“Está ejerciendo una actividad importantísima. En momentos de mucho miedo y de mucha incertidumbre éramos nosotros los que estábamos ahí todo el tiempo y somos los que seguimos estando”

300 años de curiosidades

297 años de historia dan para mucho. María José nos habla de la triaca magna, “uno de los medicamentos más curiosos dentro de la historia de la farmacia”. Tenía más de 100 componentes, entre ellos el polvo de víbora seca. Era una especie de panacea que, aunque no tenía ningún uso curativo especial ni tenía propiedades esenciales, se empleaba para todo. 

Entre risas relata también el día en el que, al poco tiempo de empezar a trabajar en la farmacia y de ser titular, entró un inspector mientras atendía a dos abuelos. “Al no haber un mostrador, éste, despistado, preguntó después de decir buenos días: ‘perdón, ¿y la farmacia?’ Al instante, los dos abuelos me miraron cómplices y me dijeron: ‘¿y este no lo ve?’”. 

Imagen del interior de la botica / Botica de Peñaranda de Duero

La boticaria hace hincapié en el gran patrimonio que tiene Peñaranda de Duero y en su potencial turístico. Desde su castillo, al Palacio de Avellaneda, el caso viejo o el imponente templo barroco de la Colegiata de Santa Ana. Estos son algunas de las excusas para visitar esta villa medieval. Por no hablar de que, al encontrarse en la Ribera del Duero, el vino y su gastronomía son el mejor maridaje con el que finalizar la visita. 

La Botica de Peñaranda de Duero es historia viva de la farmacología. Por sus pasillos aún parece resonar la voz de Andrés explicándole a su hijo qué frasco abrir o qué hierbas majar. Dicen que para mantener con vida un negocio solo hay que ponerle corazón, algo que le sobra a la familia Jimeno.



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