
Por Juan García
27 de julio de 2026E.UU. y China se han consolidado como los nuevos gigantes de la industria farmacéutica, un campo donde Europa había liderado tradicionalmente en base a su apuesta por la innovación y el desarrollo de nuevas soluciones terapéuticas. Este nuevo escenario viene marcando una tendencia que se ha acelerado en los últimos años, y que también ha quedado patente en 2025, según evidencia el último informe de la Federación Europea de la Industria Farmacéutica (EFPIA) sobre la situación del sector.
Según estos datos, industria farmacéutica europea destinó alrededor de 60.000 millones de euros a actividades de investigación y desarrollo (I+D) durante 2025, marcando un crecimiento tanto en esta cifra como en el valor de producción y la contribución al mercado laboral a través de la creación de puestos de trabajo. Las cifras globales dan cuenta de una producción valorada en más de 500.000 millones de euros y una aportación que deja más de 800.00 millones para los Estados en materia de exportaciones. La balanza comercial arroja un saldo positivo en el continente con 265.000 millones de euros de beneficio. Además, la industria dio empleo a unas 955.000 personas de forma directa, de las que 125.000 se dedican a actividades de I+D.
El informe de Efpia también dibuja diferencias a nivel europeo en esta materia, donde se encuentran sustanciales variaciones en la inversión. En cabeza en esta carrera por la innovación se sitúa Reino Unido, con un desembolso en innovación en 2024 por encima de los 11.000 millones de euros. Una cifra a la que solo se acercan Alemania (10.700 millones) y Suiza (9.500). En el siguiente escalafón, y a una considerable distancia, se encuentran Francia y Bélgica, con una inversión cercana a los 6.000 millones.
Por debajo de estas naciones se sitúa otro grupo de países, en el que se encuentra España, con músculo, pero que no se acercan a la mitad de esa cifra. Con 1.647 millones de euros invertidos en 2024, España ocupa el noveno puesto en inversión en I+D+i en la industria farmacéutica.
En 2025, se lanzaron en el mundo 104 nuevos principios activos, de los que 46 procedían de compañías con sede en China o Hong Kong, 28 de empresas estadounidenses y solo 16 de compañías europeas. Japón originó cinco y el resto de los países, nueve.
Tan solo un año antes China había superado por primera vez a Estados Unidos y Europa en nuevas moléculas. La evolución tanto de China como de EEUU tiene que ver con su inversión en I+D. Entre 1990 y 2024 EEUU multiplicó su inversión por 14, mientras que Europa lo hizo por siete. Solo entre 2000 y 2024, China la multiplicó por 58. Una pérdida de competitividad que también se refleja en la distribución del mercado. En 2025, EEUU y Canadá concentraron el 54,7% de las ventas mundiales, mientras Europa representó el 23,7%.
Esa diferencia es mucho mayor si se analizan solo los medicamentos más recientes (lanzados entre 2020 y 2024). EEUU concentró el 74,1% de las ventas, mientras que los cinco principales mercados de Europa (Alemania, Francia, Italia, España y Reino Unido), solo representaron el 15,6%.
Esta pérdida de peso se observa también en la investigación clínica. Según el informe Evaluando el ecosistema de ensayos clínicos en Europa, elaborado por Iqvia para Efpia y Vaccines Europe, la cuota de estudios en el continente cayó del 22% al 12% entre 2013 y 2023, pese al crecimiento de la actividad investigadora a escala global.
Para EFPIA, estos datos ponen de manifiesto la fortaleza de la industria como uno de los principales motores de la innovación científica y tecnológica del continente, aunque demuestran que, por sí solo, el aumento de la inversión no basta para ser competitivos en el tablero global. Desde la propia EFPIA y Farmaindustria, que se hace eco de este informe, señalan la disminución de la participación europea en la investigación de nuevos medicamentos. Aunque el continente conserva una sólida infraestructura científica y un elevado nivel de conocimiento, factores como la complejidad regulatoria, las diferencias entre países, la falta de incentivos o los dilatados procesos para la aprobación de fármacos están planteando importantes desafíos en el continente como bloque. Así, advierten que la consecuencia es un desplazamiento de la inversión hacia mercados más atractivos.
Además de los citados ejemplos de EE.UU. y China, en el tablero internacional irrumpen con fuerza otras potencias emergentes. El país norteamericano continúa encabezando la inversión global en investigación farmacéutica gracias a un entorno regulatorio más ágil, mayores incentivos para la innovación y un ecosistema que favorece la colaboración entre empresas, universidades y centros de investigación. Paralelamente, China ha experimentado un crecimiento acelerado en los últimos años, impulsando políticas públicas que fomentan la innovación, el desarrollo tecnológico y la captación de capital destinado a la industria biofarmacéutica.
El crecimiento de los mercados emergentes también está modificando el equilibrio de la industria farmacéutica mundial. Países como Brasil, China e India continúan ganando protagonismo tanto en ventas como en investigación biomédica, favoreciendo un desplazamiento gradual de la actividad económica y científica desde Europa hacia estas economías de rápido desarrollo.
Según datos de IQVIA MIDAS (abril de 2026), entre 2020 y 2025 el mercado farmacéutico brasileño registró un crecimiento del 13.8 %, mientras que India avanzó un 10.3 % y China un 3.2 %. En comparación, los cinco principales mercados de la Unión Europea crecieron en promedio un 8.4 %, frente al 11.4 % alcanzado por Estados Unidos durante el mismo periodo.
En 2025, Norteamérica concentró el 54.7 % de las ventas farmacéuticas globales, más del doble que Europa, cuya participación se situó en el 23.7 %. Esta diferencia se refleja especialmente en la comercialización de tratamientos innovadores: el 74.1 % de las ventas de los medicamentos lanzados entre 2020 y 2024 correspondieron al mercado estadounidense, mientras que los cinco principales mercados europeos representaron únicamente el 15.6 %.
A este escenario se suma otro factor que, según la industria, limita la competitividad del continente: la fragmentación del mercado farmacéutico europeo. Las diferencias de precios y de regulación entre los Estados miembros favorecen el denominado comercio paralelo de medicamentos, una práctica consistente en adquirir fármacos en países donde su precio es menor para revenderlos en otros mercados con precios más elevados.
Ante este escenario, la industria farmacéutica europea insiste en que reforzar la competitividad del continente es una prioridad estratégica. Entre las medidas propuestas destacan la simplificación de los procedimientos regulatorios, el impulso a la investigación clínica, el fortalecimiento de la colaboración público-privada y la creación de incentivos que permitan atraer nuevas inversiones.
El objetivo es garantizar que Europa continúe desempeñando un papel relevante en el descubrimiento y desarrollo de medicamentos innovadores, al tiempo que se facilita un acceso más rápido de los pacientes a los avances terapéuticos. Según el sector, mantener un entorno favorable para la innovación no solo contribuirá al crecimiento económico y a la generación de empleo altamente cualificado, sino que también reforzará la capacidad de respuesta frente a futuros desafíos sanitarios.