
Por Nuria Cordón
13 de febrero de 2026La sostenibilidad del sistema sanitario no se juega únicamente en los despachos de las consejerías ni en las salas de los hospitales. También se decide en los laboratorios, en las plantas de producción, en los centros logísticos que garantizan el oxígeno o en las empresas que mantienen operativo un quirófano. Bajo esa premisa se ha desarrollado la cuarta mesa del Fórum de Salud de Toledo, durante la segunda jornada, dedicada a los patrocinadores, aliados estratégicos del sistema más allá de la prestación pública, en la que industria farmacéutica, tecnológica y de servicios defendió su papel como socio estructural del Sistema Nacional de Salud.
Moderada por el secretario general de Fenin, Pablo Crespo, la conversación optó por un discurso ambicioso: el de la corresponsabilidad. Amparo Valladares, gerente nacional de Relaciones Institucionales y Acceso al Mercado de AbbVie, sintetizó la idea en una palabra: alianza. Para la compañía, explicó, transformar el sistema y hacerlo sostenible pasa por tres pilares —innovación, colaboración y proyectos que impacten en resultados en salud— con más de cien ensayos clínicos en marcha que facilitan el acceso temprano a tratamientos innovadores.
Desde Gilead, su director de Government Affairs para España y Portugal, Félix Benguria, situó el debate en un plano macroeconómico. Recordó que el sector farmacéutico aporta el 1,9% del PIB, cuenta con 181 plantas productivas y exporta más de 17.000 millones de euros. “No solo aportamos salud; aportamos sostenibilidad económica”, vino a decir, al subrayar que cada euro generado por la compañía produce 2,5 euros de valor en la economía. En un contexto de competencia creciente con Estados Unidos y China, advirtió de la necesidad de preservar la inversión en innovación y de dotar al sector de un marco regulatorio predecible que no penalice el desarrollo.
La mesa dejó claro que la innovación no se limita al medicamento. Jorge Huertas, director general de Oximesa Nippon Gases, recordó que los hospitales sencillamente no funcionan sin oxígeno medicinal y que miles de pacientes con terapias respiratorias dependen de la atención domiciliaria. Evocó episodios como la pandemia o el temporal Filomena para ilustrar el papel silencioso pero crítico del sector. En la misma línea, Luis Mosquera, director general de la División Médica de Carburos Metálicos, introdujo la variable ambiental: los hospitales generan un impacto relevante en consumo energético y emisiones, y la transición energética también es una cuestión de salud pública.
Luis Noval, director general de GEE, habló desde la trastienda del hospital: garantizar que un quirófano no se detenga, que la maquinaria funcione, que el engranaje no falle. “El hospital es un barco inmenso”, vino a señalar, que necesita soporte permanente para seguir navegando. Manuel Pacheco, director general de Air Liquide HealthCare, amplió la mirada a la atención domiciliaria y a la gestión integral de procesos asistenciales para más de un millón de pacientes en España, con estándares centrados en calidad, investigación e innovación.
Desde el ámbito de los servicios, Miguel Prieto, Health Managing Director de Serveo, recordó que el mantenimiento, la limpieza o la telemedicina no son elementos periféricos. La operatividad de un quirófano o de una habitación hospitalaria depende en buena parte de estos servicios, cuya relevancia quedó patente en los momentos más críticos de la pandemia.
La industria farmacéutica volvió a incidir en el valor estratégico de la innovación. Iria Álvarez-Novoa Iglesias, Head of Market Access & Government Affairs de Astellas, subrayó el liderazgo de España en ensayos clínicos, especialmente en enfermedades raras y terapias celulares y génicas. Victoria Piñero, regional Corporate Affairs de AstraZeneca, destacó que la compañía ha alcanzado ya a 1,5 millones de personas en tratamientos en España y es la primera filial europea del grupo en ensayos clínicos, un dato que evidencia el peso investigador del país.
Pero la conversación no se limitó a describir aportaciones. También abordó qué debería cambiar para multiplicar el impacto. La demanda de estabilidad regulatoria fue transversal. Acelerar el acceso a la innovación, reducir la burocracia y mejorar la predictibilidad normativa fueron reclamaciones repetidas. La compra pública basada en valor —medir resultados en salud y no solo precio— también apareció como una asignatura pendiente. “Lo que no se mide no se gestiona”, defendió Valladares, insistiendo en la necesidad de decisiones basadas en datos.
Benguria advirtió de que España y Europa están perdiendo competitividad frente a otras potencias y pidió incentivos fiscales, digitalización de procesos y políticas que favorezcan la inversión en I+D. Huertas y Noval reclamaron contratos más largos, indexación de costes y una gestión menos rígida que permita absorber incrementos acumulados en los últimos años.
El debate dejó una idea común: la innovación sanitaria no puede verse como un gasto coyuntural. Las terapias avanzadas, la digitalización, la atención domiciliaria o la transición energética forman parte de un cambio de paradigma en el que la salud se entiende como inversión productiva. Varios intervinientes insistieron en que el sistema debe evolucionar desde la gestión de la enfermedad hacia la gestión de la salud, midiendo la capacidad real de generar años de vida y calidad asistencial.
Al cierre, el mensaje hacia las administraciones fue nítido: marco estable, decisiones basadas en evidencia, especialización territorial y colaboración estructural. “Estamos en el mismo barco”, fue la idea que sobrevoló la mesa. Más que proveedores, las compañías presentes reivindicaron su condición de aliados estratégicos en un momento en el que la sostenibilidad del sistema depende tanto de la financiación pública como de la capacidad de innovar y gestionar mejor los recursos disponibles.