
Por Medicina Responsable
12 de marzo de 2026Aprovechar las oportunidades que brinda la innovación tecnológica sin perder la esencia humana del cuidado. Ese ha sido el objetivo que ha marcado esta trigésimo sexta edición de las Jornadas Nacionales de Enfermeras Gestoras organizada por ANDE, la Asociación Nacional de Enfermería. Un reto que no es nada fácil teniendo en cuenta el creciente uso de las herramientas digitales en el plano de la salud, como la historia clínica electrónica, la inteligencia artificial, la telemedicina y la monitorización remota de los pacientes o los sistemas que apoyan las decisiones clínicas.
Sin embargo, a pesar de la digitalización de los sistemas sanitarios, este colectivo profesional apuesta por seguir centrando la atención en el ámbito más humano de las personas: los cuidados desde la empatía, el acompañamiento y la relación enfermera-paciente. Por ello, una de las ponencias que ha gozado de más asistencia ha sido la llamada “Ética y humanismo tecnológico”, que ha tenido lugar en la mañana del 12 de marzo en el Palacio de Congresos de Palma de Mallorca.
Esta ha estado moderada por Tayra Velasco Sanz, profesora de Bioética y Cuidados Paliativos de la Facultad de Enfermería, Fisioterapia y Podología de la Universidad Complutense de Madrid; y ha recogido a través de sus cuatro ponentes las claves del lema de estas jornadas: “Humanismo tecnológico: gestionando la nueva era de los cuidados”.
Como concepto central, los ponentes han destacado la necesidad de entender la gestión de las herramientas digitales desde el punto de vista del humanismo tecnológico. Este pensamiento considera que las innovaciones se diseñan y utilizan poniendo a las personas en el centro, por lo que mejora la vida y el bienestar humano, pero sin sustituir los valores que caracterizan a la profesión enfermera.
“Está basado en la autonomía y la privacidad, la beneficencia, la no maleficencia, la justicia y la equidad, la transparencia y explicabilidad y la responsabilidad y rendición de cuentas”, ha explicado Rafael Toro Flores, profesor honorífico de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad de Alcalá de Henares, haciendo hincapié en que no se trata de ir en contra de las tecnologías, sino de buscar un equilibrio entre la innovación y la ética. “La ciencia sin conciencia no es más que la ruina del alma, y la revolución digital no admite vuelta atrás, ha llegado para quedarse”, añade.
Por su parte, Jesús Rubio Pilarte, profesor de la Facultad de Medicina y Enfermería de la Universidad del País Vasco (UPV), ha explicado que, ante este avance desbocado de las tecnologías, los sistemas sanitarios tienen que hacer frente a nuevos retos. “Ahí es donde nace la paradoja de la digitalización”, explica.
Esta se basa, según el experto, en que la utilización de estas herramientas “mejoran el sistema, pero excluyen a algunos de sus usuarios al mismo tiempo”. “La tecnología crece exponencialmente, pero nuestra capacidad de asimilación es lineal. Eso genera una brecha”, comenta, haciendo referencia a las personas que no pueden utilizarla debido a su edad, su lugar de residencia o su nivel de estudios.
“Y las personas que sí pueden acceder a las tecnologías, están atrapadas en ellas porque no pueden seguir su ritmo. En definitiva, la aceleración tecnológica crea una asimetría de conocimientos que afecta por igual a directivos, profesionales y pacientes”, añade.
Pero esta brecha, esta paradoja de la que ha hablado Rubio Pilarte, “no es una cuestión del futuro”. “No estamos hablando de que los coches vuelan, como en las películas de ciencia ficción. Se trata de tecnologías que, actualmente, ya son utilizadas en la sanidad española”, explica Teresa Sufrate Sorzano, directora de Cuidados de Enfermería de Atención Hospitalaria del Servicio Riojano de Salud.
Y la prueba está en el ámbito de la salud mental. “Iniciamos un programa de prueba con una IA generativa que, si funcionaba, podría mejorar el compromiso terapéutico”, explicaba ante los presentes. “La aplicación consiguió mayor participación de los pacientes y mayores tiempos de uso, por lo que redujo sus síntomas. Sin embargo, el que mejor resultado consiguió fue el que tenía una supervisión directa de un humano”, expone, destacando la necesidad de que el paciente entienda que, más allá de la herramienta que está utilizando, la intervención del profesional sanitario está por encima de todo.
Finalmente, el coloquio ha acabado con la intervención de Cristina Moreno Mulet, profesora del departamento de Enfermería y Fisioterapia de la Universitat Illes Balears; quien ha destacado dos pilares clave de la ética del cuidado en las organizaciones sanitarias. “Una es que la autonomía del paciente reside en sus allegados de referencia, porque cualquiera de nosotros necesita a su tribu para tomar decisiones”, explica.
La segunda hace referencia a las cinco formas de cuidado: “Hay que atender la identificación de las necesidades; establecer quién tiene la responsabilidad de ocuparse de ellas; educar a los profesionales en salud tecnológica, preguntar a los pacientes cómo quieren que les cuiden y construir una mirada global para diseñar los cuidados”, concluye.