
Por Fernando Prados, ex viceconsejero de Sanidad de Comunidad de Madrid
6 de octubre de 2026Este fin de semana en el Encuentro de Ingeniería Hospitalaria «Liderando la transformación del hospital del futuro», organizado por Medicina Responsable se ha reflexionado sobre cómo deben cambiar nuestros hospitales y me ha dejado una reflexión bastante sencilla. Transformar la sanidad no puede consistir siempre en pedir más.
Más presupuesto, más profesionales, más tecnología y más actividad. La Administración reclama recursos, la industria propone nuevas incorporaciones y los sindicatos piden más plantilla. Seguramente necesitaremos aumentar algunas de estas partidas, pero no basta con pedir más. Hay que explicar qué problema queremos resolver, qué mejora vamos a conseguir y como vamos a medirlo.
Gastamos miles de millones en medicamentos, tecnología, pruebas, intervenciones y hospitalizaciones. Un nuevo medicamento debe demostrar si evita complicaciones, ingresos o tratamientos posteriores. Una tecnología debe permitir diagnosticar antes, tratar mejor o sustituir procedimientos innecesarios. Y si aumentamos una plantilla deberíamos explicar qué queremos conseguir con ello. No se trata de hacer más actividad, sino de hacer la que necesitan los pacientes y la población, allí donde realmente es necesaria. Hacer más no significa hacerlo mejor.
Esto afecta también a los sindicatos. Pedir sistemáticamente más profesionales sin explicar qué problema asistencial pretende resolver ese incremento es demasiado fácil. Tampoco todos los profesionales son intercambiables. Nuestra sanidad está extraordinariamente especializada y las plantillas no pueden organizarse únicamente por antigüedad o años dentro del sistema. Primero debemos saber qué necesita el paciente y, a partir de ahí, qué profesional, con qué preparación y en qué lugar debe atenderle.
La misma exigencia debemos aplicar a nuestros socios. La industria farmacéutica y las empresas de tecnología sanitaria no pueden ser únicamente proveedores. Necesitamos trabajar con ellas, incorporar innovación cuando aporte una mejora y comprobar después si cumple lo prometido. Colaborar significa compartir objetivos, pero también medir y exigir.
Lo mismo ocurre con la sanidad privada. Si determinadas pruebas, intervenciones o partes de un proceso pueden realizarse utilizando capacidad disponible fuera de la red pública, debemos comparar costes, tiempos y resultados. Si podemos resolver antes un problema, con la misma calidad y a un coste razonable, rechazar esa posibilidad únicamente porque el prestador es privado no tiene sentido.
La sanidad necesitará más dinero y probablemente más profesionales, pero el “más, más, más” no puede seguir siendo una política sanitaria. En cuanto empiece la campaña electoral volveremos a escucharlo. Quizá esta vez deberían explicarnos para qué.