
Por Medicina Responsable
5 de agosto de 2026Tanorexia. Del inglés 'tan', que significa 'bronceado', y del griego '-orexis, -orexia', traducido como 'apetito' o 'deseo'. Por su etimología, parece obvio su significado: el afán obsesivo por tomar el sol con el objetivo de alcanzar el moreno o el dorado de la piel. Sin embargo, este término no goza de una definición oficial única y la comunidad internacional aún estudia los entresijos de su anatomía en un contexto de creciente impacto durante los últimos años. Sobre todo en los más jóvenes.
Por el momento, la mayoría de entidades académicas lo definen como una dependencia o una conducta compulsiva hacia el bronceado, pero no como una patología. Entre ellas, la Organización Mundial de la Salud (OMS), que no cuenta con un informe específico que lo acote como trastorno independiente, o la Asociación Americana de Psiquiatría (APA, por sus siglas en inglés).
En España, tampoco aparece descrito en el Diccionario de Términos Médicos de la Real Academia Nacional de Medicina, por lo que queda supeditado al argot clínico, tanto en medios sanitarios especializados como en la literatura científica. Sin embargo, como ha documentado José María Rumbo Prieto, profesor en el departamento de Ciencias de la Salud en la Universidade da Coruña (UCD), "aunque no está presente como entidad clínica propia, sus síntomas pueden encuadrarse dentro de la salud mental como adicción, trastorno obsesivo-compulsivo, de control de los impulsos o dismórfico corporal".
"Es como una adicción", señala Jorge Soto, especialista de la Policlínica Gipuzkoa de San Sebastián. "La exposición solar libera sustancias como la betaendorfina y la dopamina, que generan una sensación de bienestar. En determinadas personas con predisposición genética o determinados trastornos psicoconductuales esto puede derivar en una auténtica obsesión", argumenta.
Rumbo Prieto va más allá: "Es tratada como un síndrome patológico psiquiátrico de tipo conductual en el cual la persona tiene una percepción alterada de su imagen y tonalidad corporal o facial". Además, añade: "El efecto placentero de tomar el sol se convierte en una dependencia similar a las drogas de abuso y, por lo tanto, afecta a la autoestima e interfiere en el funcionamiento social, laboral o personal, y requiere combinar la terapia psicológica con el tratamiento dermatológico".
Y es que la tanorexia no solo conlleva daños psicológicos, sino que tras ella se esconden también importantes peligros para la piel. "Puede hiperpigmentar la piel y dañarla, presentar pérdida de elasticidad, envejecimiento prematuro cutáneo y un mayor riesgo de sufrir cáncer de piel, especialmente carcinoma basocelular y melanoma", explica Rumbo Prieto.
Por su parte, Soto destaca que la principal protección es la sombra, la ropa o los sombreros. "La protección más importante no son las cremas ni las cápsulas", afirma a respecto. Y aboga por utilizar adecuadamente los fotoprotectores.