
Por Nuria Cordón
2 de febrero de 2026“Seguir creando valor y ayudar cada vez más a las instituciones sanitarias para que los ciudadanos tengan una mejor sanidad”. Este es el principal objetivo de la Federación Española de Empresas de Tecnología Sanitaria tiene para este recién estrenado año.
Según su secretario general, Pablo Crespo, “sabemos que la tecnología sanitaria tiene un papel clave para mejorar la salud y la calidad de vida de las personas, pero sobre todo tiene un potencial enorme para transformar el sistema sanitario y permitir que las personas vivan más y mejor, y de una manera mucho más cómoda con la enfermedad”. Por ello, para Crespo, “esa es nuestra prioridad principal”.
La tecnología sanitaria se ha convertido en una pieza imprescindible para el funcionamiento del sistema sanitario y para la sostenibilidad futura de la atención a los pacientes. Desde la tecnología más avanzada que permite diagnósticos o cirugías complejas, hasta la gasa, el apósito o la vía por la que se administra un medicamento. “Sin nuestro sector, la provisión de la atención sanitaria tal y como la conocemos no existiría”, explica Crespo.
“La única manera de afrontar el envejecimiento de la población, la cronicidad y el déficit de profesionales es mejorar la productividad del profesional sanitario, y eso solo se consigue apoyándose en tecnología”, explica Crespo. Diagnósticos más rápidos, tratamientos más precisos, automatización de procesos y uso responsable de la inteligencia artificial son algunas de las palancas que permiten atender a más personas sin incrementar de forma proporcional los recursos humanos.
Más allá de su impacto clínico, la tecnología sanitaria se ha consolidado como un sector estratégico para la economía española. Con una facturación cercana a los 12.000 millones de euros, exportaciones de alrededor de 5.000 millones y una aportación del 1,1% del PIB, se trata de una industria que combina innovación, internacionalización y empleo de calidad.
El sector genera 55.000 empleos directos y más de 85.000 indirectos, con un perfil claramente cualificado. El coste medio por empleado duplica al de la media nacional, casi la mitad del empleo es femenino y existe una presencia destacada de personas con discapacidad. “Somos un sector que no solo mejora la salud de las personas, sino que crea empleo estable y de alto valor añadido”, destaca Crespo.
Ingenieros, biomédicos, tecnólogos y perfiles vinculados a la digitalización encuentran en la tecnología sanitaria un ámbito especialmente atractivo, no solo por la cualificación, sino también por el propósito. “No todos los sectores pueden ofrecer que el trabajo diario termine traduciéndose en mejores diagnósticos o tratamientos para los pacientes”, apunta.
Pese a este potencial, la sanidad española arrastra un problema estructural: la obsolescencia tecnológica. Aunque existen hospitales punteros y profesionales altamente cualificados, una parte del parque tecnológico supera los estándares europeos de antigüedad. Esto no solo afecta a grandes equipos visibles, sino también a áreas menos conocidas pero críticas para la seguridad del paciente, como las centrales de esterilización.
Planes como INVEAT, del Ministerio de Sanidad, han permitido renovar parte del equipamiento, pero desde Fenin advierten de que estas iniciativas, si no van acompañadas de una planificación a largo plazo, corren el riesgo de convertirse en soluciones puntuales. “El verdadero problema no es solo tener equipos antiguos, sino todo lo que se deja de ganar en calidad, eficiencia y resultados clínicos por no incorporar innovación”, señala Crespo.
Por ello, Fenin reclama una inversión sostenida y plurianual, adaptada a las necesidades de cada comunidad autónoma, que evite ciclos de renovación irregulares y garantice una tecnología moderna y segura en todo el territorio.
El contexto económico y geopolítico en el que nos movemos en la actualidad añade una capa adicional de dificultad. La inflación acumulada, la desindexación de los contratos públicos y el aumento de los costes han tensionado a un sector compuesto mayoritariamente por pymes. Según datos de Fenin, una de cada cinco empresas cerró el último ejercicio con pérdidas, una situación que “pone en riesgo tanto el empleo como la capacidad de innovación”.
A ello se suman factores geopolíticos, como los aranceles en mercados estratégicos como Estados Unidos, que afectan tanto a productos finales como a materias primas. Desde el sector reclaman mecanismos que permitan actualizar los contratos públicos y garantizar la viabilidad a medio y largo plazo de una industria considerada estratégica.
La rápida evolución tecnológica plantea también desafíos regulatorios. Fenin defiende una regulación que garantice la seguridad del paciente sin frenar la innovación. En este sentido, valora positivamente el anteproyecto de Ley de Productos Sanitarios que se tramita en España y la introducción de criterios que reduzcan el peso exclusivo del precio en los concursos públicos.
La inteligencia artificial ocupa un lugar central en este debate. Aunque ya se utiliza desde hace años en áreas como el diagnóstico por imagen, Crespo advierte del riesgo de emplear herramientas no reguladas. “La IA llega al paciente en su momento de mayor vulnerabilidad, por lo que exige las máximas garantías”, subraya. “Igual que nadie se subiría a un avión no certificado, nadie debería aceptar una tecnología sanitaria sin cumplir la regulación”.
En un contexto marcado por la presión asistencial, la escasez de profesionales y la necesidad de eficiencia, la tecnología sanitaria emerge como uno de los grandes vectores de transformación del sistema de salud. No se trata solo de innovar, sino de hacerlo de forma planificada, sostenible y segura. “El futuro de la sanidad se está decidiendo ahora”, resume Crespo. Y en esa decisión, la tecnología ya no es una opción, sino una condición imprescindible para que el sistema pueda seguir cuidando a los pacientes en los próximos años.