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Más práctica, menos teoría: así quiere FICH transformar la formación en ingeniería clínica

Raúl Delgado Chacón, vicepresidente de Grupo Electromédico; y Ana Luna Caumel, directora de FICH, hablan sobre la Fundación Instituto para la Ingeniería Clínica y Hospitalaria, entidad formativa impulsada por GEE

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Más práctica, menos teoría: así quiere FICH transformar la formación en ingeniería clínica
Raúl Delgado Chacón, vicepresidente de Grupo Electromédico y Ana Luna Caumel, directora de FICH

Por Medicina Responsable

29 de enero de 2026

El pasado mes de diciembre iniciaba su andadura la Fundación Instituto para la Ingeniería Clínica y Hospitalaria (FICH), una entidad promovida por Grupo Empresarial Electromédico (GEE) con el objetivo de fortalecer la especialización e impulsar la formación continua y actualización. 

Con el objetivo de dar respuesta a la creciente necesidad de perfiles técnicos altamente cualificados y actualizados, FICH cuenta con programas formativos especializados, diseñados para formar a estos profesionales, capaces de responder a las necesidades reales de los hospitales y liderar la electromedicina clínica del futuro.​

Raúl Delgado Chacón, vicepresidente de GEE; y Ana Luna Caumel, directora de FICH, hablan para Medicina Responsable sobre la iniciativa y sus próximos pasos. 

El Instituto FICH nace vinculado a GEE. ¿Cómo surge la idea y qué os llevó a dar el paso de crear un proyecto específicamente formativo? 

Raúl Delgado. En GEE llevamos más de cuatro décadas trabajando dentro de hospitales, resolviendo problemas reales de electromedicina, ingeniería clínica y gestión tecnológica. Durante estos años hemos vivido de primera mano la dificultad de encontrar perfiles preparados para enfrentarse al entorno hospitalario con solvencia desde el primer día. 

La idea de FICH surge de una constatación muy simple: el conocimiento práctico que hemos acumulado no podía quedarse solo dentro de la empresa. Teníamos la responsabilidad de devolver al sector lo aprendido y convertir esa experiencia en formación estructurada. No queríamos limitarlo a cursos puntuales, sino crear un instituto con vocación de permanencia, capaz de generar talento de forma continuada. 

Ana Luna. Desde mi punto de vista, y enlazando con lo que explica Raúl, la creación de FICH responde a la necesidad de dar estructura y continuidad a todo ese conocimiento práctico que GEE ha acumulado durante décadas. No se trata solo de formar, sino de transformar experiencia real en un modelo educativo con impacto sostenido en el sector.

El paso hacia un proyecto formativo específico nace de entender que la formación no podía seguir siendo algo accesorio, sino un eje estratégico. FICH surge como una forma de ordenar, sistematizar y compartir ese conocimiento para que llegue a más personas y genere un efecto real en el sistema sanitario.

 ¿Cuál ha sido la carencia o necesidad más evidente en el ámbito de la ingeniería clínica y hospitalaria que hace que este instituto tenga sentido hoy? 

R.D. La mayor carencia ha sido la desconexión entre formación y realidad operativa. Los perfiles llegan con base teórica, pero sin comprensión del ciclo de vida del equipamiento, sin manejo de incidencias reales, sin entender los flujos hospitalarios ni la presión asistencial. Esto genera una brecha entre lo que el sistema necesita y lo que el sistema forma. FICH nace precisamente para cerrar esa brecha. 

A.L. Coincido plenamente con Raúl en que la principal carencia ha sido la desconexión entre la formación y la realidad hospitalaria. Desde la óptica educativa, esto se traduce en profesionales que llegan con conocimientos teóricos, pero sin haber desarrollado competencias prácticas ni una comprensión global del entorno asistencial. Hoy el instituto tiene sentido porque esa brecha no solo persiste, sino que se amplía a medida que la tecnología se vuelve más compleja. 

FICH busca unir el mundo educativo con el sanitario. ¿Creéis que hasta ahora han estado demasiado desconectados? 

R.D. Claramente sí. Ha habido buena voluntad, pero poca estructura estable. El ámbito educativo ha ido por un lado y el hospitalario por otro, con escasos espacios comunes donde compartir lenguaje, necesidades y soluciones. El resultado es que la tecnología avanza mucho más rápido que la capacidad del sistema para incorporarla. 

A.L. Sí, y no ha sido por falta de interés, sino por falta de estructuras estables. Desde el ámbito formativo hemos visto cómo muchas iniciativas se quedaban en colaboraciones puntuales, sin continuidad ni impacto profundo. FICH quiere ser precisamente ese espacio permanente de conexión, donde educación y sanidad trabajen juntas de forma natural, compartiendo lenguaje, necesidades y objetivos comunes.

El objetivo de la Fundación es contribuir a la mejora educativa y sanitaria de la Comunidad de Madrid. ¿Cómo se traduce esa frase en el día a día real de FICH y en sus primeras decisiones?  

A.L. Se traduce en decisiones muy concretas desde el primer momento. Partiendo de la reflexión que hace Raúl sobre la falta de alineación entre lo que se forma y lo que realmente se necesita, en FICH hemos querido actuar sobre ese punto crítico desde la base educativa. En la práctica, esto significa diseñar programas formativos actualizados, construidos con la participación directa de empresas y organizaciones del sector, y con un peso muy importante de la formación práctica y la capacitación competencial. 

¿Qué perfiles profesionales queréis priorizar en esta primera etapa? ¿Dónde creéis que hay más necesidad formativa y más oportunidades laborales?  

 A.L. Hemos identificado una doble necesidad. Por un lado, jóvenes que buscan una formación técnica con alta empleabilidad, especialmente en electromedicina clínica, un ámbito con una demanda creciente y sostenida. Por otro, profesionales en activo que necesitan actualizarse continuamente. La oportunidad laboral existe, pero solo si va acompañada de una formación adaptada a la realidad tecnológica y organizativa del hospital. Ahí es donde FICH quiere concentrar sus esfuerzos iniciales.

Desde la perspectiva empresarial, ¿qué parte del conocimiento acumulado por GEE durante tantos años se transforma ahora en formación para otros? ¿En qué punto entendisteis que era el momento de dar el salto de empresa a Instituto? 

R.D. Toda aquella parte “técnica” que no está en los manuales, y toda aquella parte “personal” a la que, por lo general, no se le da la debida importancia.  Los técnicos de electromedicina especialmente tienen una relación continua con el personal médico, y de esta relación somos capaces de crear sinergias que mejoran el rendimiento del conjunto. Debemos ser capaces de trasladar esta experiencia y estos conocimientos a las nuevas generaciones. 

Respecto a la parte técnica, queremos formar en aquello que transciende del manual técnico, como la gestión de incidencias, la toma de decisiones bajo presión, la integración de tecnologías en entornos clínicos reales, la relación con personal sanitario, la planificación de mantenimiento, la evaluación de riesgos y la gestión del ciclo de vida del equipamiento. Hemos trasladado a FICH nuestros procedimientos internos, nuestros casos reales y nuestra metodología de trabajo, transformándolos en contenidos formativos estructurados. 

A.L. Desde el ámbito formativo, ese conocimiento se traduce en metodologías, casos reales y procesos que normalmente no aparecen en los programas académicos. Lo valioso es precisamente lo que Raúl describe: la experiencia cotidiana, la toma de decisiones reales y la comprensión del impacto del trabajo técnico en el entorno hospitalario. Nuestra labor está siendo la de convertir todo eso en contenidos estructurados, accesibles y pedagógicamente eficaces.

Una de las apuestas más claras de FICH es la formación práctica: talleres, laboratorio, simulación, modelo dual… ¿Por qué creéis que este enfoque es el que necesita el sector ahora mismo?  

R.D. Porque el hospital no es un aula. Es un entorno crítico donde no hay margen para el error. El profesional debe llegar sabiendo actuar, no solo sabiendo explicar. Talleres, simulaciones, laboratorios y formación dual permiten que el alumno interiorice los procesos y entienda el impacto real de su trabajo en la seguridad del paciente. 

A.L. Porque, como bien dice Raúl, el hospital no es un aula. Desde la formación, entendemos que solo a través de la práctica, la simulación y la experiencia real se pueden desarrollar las competencias que el sector necesita hoy. Este enfoque permite que el aprendizaje sea profundo, aplicado y alineado con la realidad, algo imprescindible en un entorno donde el error no es una opción.

¿Qué impacto esperáis que tenga esto en la empleabilidad y en la preparación real de los futuros técnicos y especialistas que trabajarán dentro de hospitales y centros sanitarios? 

R.D. Un impacto directo. Queremos que los alumnos salgan con un perfil operativo, capaces de integrarse en un hospital desde el primer día. Eso se traduce en mayor empleabilidad, pero también en profesionales más seguros, más autónomos y con planes de carrera mucho más claros. 

A.L. Esperamos un impacto muy directo. Profesionales mejor preparados, más seguros y con mayor capacidad de integración en los equipos hospitalarios desde el primer día. Esto no solo mejora la empleabilidad, sino también la calidad del trabajo y la estabilidad de las trayectorias profesionales.

¿Cómo se plantea la colaboración con hospitales, servicios de ingeniería clínica y empresas tecnológicas del sector para que la formación esté vinculada a la vida real y no solo al aula? 

R.D. Como una relación bidireccional. No se trata solo de que los alumnos vayan a prácticas, sino de que los hospitales y empresas participen en la definición de contenidos, en la docencia y en los proyectos de innovación aplicada. FICH debe ser un ecosistema vivo, no un centro aislado. 

A.L. Entendemos la colaboración como un proceso bidireccional. Los hospitales y las empresas no solo acogen alumnos, sino que participan activamente en la definición de contenidos, en la docencia y en la mejora continua de los programas formativos.

Mejorar la accesibilidad y garantizar que nadie quede fuera es uno de los compromisos fundacionales. ¿Qué medidas concretas se están estudiando para que la formación sea inclusiva también para personas con necesidades educativas diversas?  

A.L. Cuando hablamos de accesibilidad en FICH no nos referimos a flexibilizar la exigencia, sino a diseñar itinerarios formativos que se adapten a distintas trayectorias educativas y profesionales. Partimos de la idea de que no todas las personas llegan al sector desde el mismo punto, pero todas pueden alcanzar un alto nivel de competencia si el diseño formativo lo permite. Por eso estamos desarrollando programas estructurados por niveles, con progresión clara de competencias, acompañamiento tutorial y sistemas de evaluación orientados al aprendizaje real. Este enfoque permite incorporar perfiles diversos, reducir el abandono y garantizar que nadie quede fuera por razones ajenas a su capacidad, manteniendo siempre el rigor técnico que exige el sector.

También se habla de igualdad, sostenibilidad y derechos humanos. ¿Cómo se incorpora esto —que a veces parece más teórico que técnico— dentro de un entorno tan especializado como el clínico-hospitalario?  

A.L. En FICH no entendemos estos principios como algo separado o añadido a la actividad formativa, sino como parte implícita de lo que es el propio proyecto. Desde su concepción, la Fundación se plantea como una iniciativa orientada al interés general, y eso implica asumir de forma natural valores como la igualdad, la sostenibilidad y el respeto a las personas.

Estos principios están presentes en cómo se diseña la formación, en a quién va dirigida, en cómo se gestiona el conocimiento y en la responsabilidad con la que se aborda la capacitación técnica. No se trabajan como contenidos aislados, sino como un marco transversal que da sentido al proyecto FICH y a su manera de entender la formación en el ámbito sanitario.

Mirando al futuro: ¿Cuál diríais que es el mayor reto del sector en los próximos 10 años? 

A.L. Desde la óptica de la formación, el mayor reto será anticiparse a los cambios tecnológicos con modelos educativos flexibles y conectados con la realidad asistencial, formando profesionales capaces de aprender de forma continua.

R.D. Desde la perspectiva tecnológica, el mayor reto será integrar tecnologías cada vez más complejas —inteligencia artificial, monitorización avanzada, interoperabilidad de sistemas— sin perder seguridad ni eficiencia clínica. Y eso solo será posible si contamos con profesionales formados para entender tanto la tecnología como el entorno asistencial. 

¿Qué tiene que cambiar antes, la tecnología o la forma de aprender a usarla? 

R.D. La forma de aprender. La tecnología ya está aquí; el problema es que el sistema educativo no se ha adaptado a su ritmo. 

A.L. Coincido con Raúl, la forma de aprender es lo que marcará la diferencia. Sin una transformación de los modelos formativos, la tecnología no podrá implantarse de forma segura y eficiente. 

¿Cómo pensáis que se debe difundir el conocimiento que se genere dentro de FICH para que no se quede en un documento o un aula, sino que aterrice en el sistema sanitario?  

A.L. Nuestro objetivo es que el conocimiento que se genere en FICH se traduzca en cambios concretos en la forma de trabajar y de formar. Por eso la difusión no se concibe como un fin en sí mismo, sino como una herramienta para que ese conocimiento sea utilizado. Esperamos impacto cuando los contenidos formativos se incorporan a los programas de centros educativos, cuando los procedimientos y metodologías se aplican en hospitales y empresas, y cuando los profesionales que pasan por FICH replican lo aprendido en sus propios equipos. La verdadera difusión se produce cuando el conocimiento modifica prácticas, mejora procesos y eleva el nivel profesional del sector, y ese es el efecto que buscamos.

¿Qué tipo de alianzas (hospitales, universidades, FP, empresas, administración…) creéis que reforzarán más el crecimiento de esta Fundación en los próximos años?  

R.D. Alianzas estables con hospitales públicos y privados, centros de FP, universidades, empresas tecnológicas y administración. No buscamos acuerdos puntuales, sino redes de colaboración a largo plazo. 

A.L. En FICH hablamos de relaciones sólidas y con objetivos compartidos. El crecimiento de la Fundación no depende de sumar logos, sino de construir colaboraciones donde cada parte aporte y reciba valor de forma clara.

Buscamos alianzas con organizaciones que quieran implicarse en el diseño de la formación, en la definición de competencias y en la validación real de los perfiles profesionales que se están formando. Hospitales, empresas, centros educativos y administraciones que no solo participen, sino que utilicen los resultados: profesionales mejor preparados, programas más ajustados a la realidad y modelos que puedan escalarse y replicarse. 

Como directora de FICH, ¿qué es lo que más ilusión te hace de liderar un proyecto que une formación, tecnología y sanidad? 

A.L. Saber que estamos construyendo algo que dejará huella. Me motiva especialmente pensar que FICH puede convertirse en un punto de referencia, un lugar al que la gente quiera venir porque aquí se comparten ideas, se alinean valores, se crece profesionalmente y se entiende el impacto de lo que se hace. Si conseguimos generar ese sentimiento de pertenencia y de orgullo por formar parte del proyecto, todo el esfuerzo habrá merecido la pena.

Raúl, como vicepresidente de GEE, ¿qué titular te gustaría leer dentro de cinco años sobre FICH? 

R.D. Que FICH se consolida como el principal referente nacional en formación práctica en ingeniería clínica y electromedicina, transformando la empleabilidad y la calidad asistencial en los hospitales españoles.



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