
Por Nuria Cordón
20 de abril de 2026Los sistemas sanitarios europeos atraviesan un momento de inflexión. El envejecimiento de la población, el aumento de las enfermedades crónicas y el impacto de la revolución tecnológica están obligando a replantear modelos diseñados hace más de medio siglo. Para Alan Milburn, exministro de Sanidad del Reino Unido y una de las voces más influyentes en el debate sobre la reforma de los sistemas públicos de salud, el cambio ya no es una cuestión de elección, sino de necesidad.
Milburn, que dirigió el sistema sanitario británico entre 1999 y 2003, y participa en el diseño del plan sanitario a diez años para Inglaterra, observa el caso español con una mezcla de reconocimiento y advertencia. A su juicio, nuestro sistema sanitario cuenta con “profesionales extraordinarios y un alto nivel de innovación”, pero comparte con el resto de Europa los mismos desafíos estructurales: una demanda creciente, unos recursos cada vez más tensionados y un modelo que necesita adaptarse a la nueva realidad de las enfermedades crónicas.
En esta entrevista con Medicina Responsable, Milburn reflexiona sobre el futuro de los sistemas sanitarios europeos y las reformas que, a su juicio, serán inevitables en los próximos años.
El año pasado Inglaterra presentó un plan de sanidad a 10 años, en el que usted participa. ¿Por qué era necesario?
El Servicio Nacional de Salud (NHS) en Inglaterra tiene muchas cosas buenas, pero es un sistema antiguo que se enfrenta a un problema nuevo: el de las enfermedades crónicas, como la diabetes o la obesidad, que ahora representan alrededor del 70% de los costes del sistema. De hecho, aproximadamente el 25% de los pacientes en el Reino Unido tiene alguna enfermedad de larga duración. El sistema se diseñó hace 70 u 80 años para tratar a personas que enfermaban y luego se recuperaban. Ahora las personas no se curan, sino que viven con la enfermedad, y eso requiere un sistema muy diferente.
El sistema está sometido a presión por varias razones. Los costes están aumentando y la demanda está creciendo y también está cambiando. Por otro lado, la tecnología lo está transformando todo. Los avances en genética, en análisis de datos y en inteligencia artificial permiten pasar de un sistema centrado en diagnosticar y tratar a otro capaz de anticiparse a la enfermedad. Eso también exige un sistema distinto.
Uno de los cambios más importantes del plan es el de pasar del hospital a la comunidad ¿Qué significa esto?
Significa que hoy en Inglaterra una de cada cuatro personas que ocupa una cama hospitalaria no debería estar allí. Evidentemente, si hay una urgencia o un accidente, el hospital es el lugar adecuado. Si un niño está enfermo y necesita atención urgente, claro que debe ir al hospital. Pero muchas personas acuden a urgencias porque es el único servicio disponible las 24 horas. Tenemos que asegurarnos de que quienes están en el hospital realmente lo necesiten. Muchos pacientes pueden ser atendidos en la comunidad o en sus propios hogares. Es mejor para ellos, más cómodo y más eficiente.
Además, cada vez más el acceso a la sanidad será digital, a través del teléfono móvil. En Inglaterra tenemos la aplicación del NHS (NHS app), que utilizan unos 40 millones de adultos, lo que representa alrededor de tres de cada cuatro. Permite acceder al historial médico, pedir citas o recibir información sobre la enfermedad. En el futuro, también permitirá consultar con médicos y enfermeras de forma virtual. Así que, cuando hablamos de pasar del hospital a la comunidad, también hablamos de un acceso más digital. Es la forma en que las personas ya gestionan muchas otras partes de su vida, así que la sanidad simplemente se está poniendo al día.
¿Cree que un plan estratégico a diez años como el del NHS sería posible en España, donde los ciclos políticos suelen ser más cortos y la sanidad está descentralizada?
Cada país es diferente, pero el Servicio Nacional de Salud en Inglaterra y el sistema sanitario en España son sistemas muy similares en muchos aspectos. Tienen un origen parecido, una historia similar y, en algunos casos, una estructura comparable. Siempre hay lecciones que aprender. También hay lecciones que el Reino Unido puede aprender del sistema sanitario español. Pero la gran cuestión es que en toda Europa la sanidad está bajo presión; los sistemas sanitarios están sometidos a cada vez más presión y los gobiernos afrontan enormes presiones fiscales.
Estas presiones están aumentando además por la situación geopolítica actual: vamos a tener que gastar más en defensa y en gasto militar, y eso va a ejercer aún más presión sobre los presupuestos sanitarios. Eso significa que vamos a tener que ser mucho más eficientes y mucho más productivos. Tenemos que asegurarnos de que obtenemos un mayor valor por el dinero que gastamos y mejores resultados de los que estamos consiguiendo ahora. Por eso algunas de las reformas que se están haciendo en el Reino Unido podrían tener relevancia para España.
De hecho, ha señalado en anteriores ocasiones que el problema en sanidad no es solo cuánto dinero se invierte, sino cómo se utiliza.
Exacto. En sanidad tendemos a centrarnos mucho en lo que ponemos en el sistema, en términos de dinero y recursos, pero mucho menos en lo que obtenemos del sistema. Tenemos que centrarnos más en el valor que estamos obteniendo y en los resultados que estamos logrando: si las personas están mejorando y si los tratamientos son efectivos. Sabemos que algunos tratamientos funcionan y sabemos que otros no. Así que no es una cuestión del volumen de dinero. La cuestión crítica es cómo se utiliza ese dinero.
Por ejemplo, en Inglaterra medimos la productividad del NHS cada año. En promedio, ha estado creciendo alrededor de un 0,6% anual, lo cual es muy bajo. Por eso hemos fijado nuevos objetivos para aumentar esa productividad hasta el 2% anual. El último año aumentó un 2,8%, lo que demuestra que podemos obtener mucho más de los recursos que ya estamos invirtiendo, pero requiere mucho enfoque y muchos cambios.
Pero el cambio en política puede generar conflictos que a veces los políticos no están dispuestos a asumir, sobre todo si no piensan más allá de su mandado.
No es un trabajo fácil ser responsable político en sanidad. Las demandas siempre son mayores de lo que se puede ofrecer. Pero es sensato pensar en los cambios a largo plazo, porque los cambios realmente llevan tiempo. Hay que ser honesto con los ciudadanos y con los votantes sobre lo que es posible y cuándo lo es.
La mayoría de las personas entienden que los grandes cambios requieren tiempo. Y es importante que los políticos sean transparentes con el ciudadano sobre eso. Esa es precisamente la razón por la que hemos creado un plan a diez años en Inglaterra, porque reconocemos que los cambios que se necesitan son fundamentales y que van a llevar tiempo.
Si tuviera que dar un consejo al Gobierno español en política sanitaria, ¿cuál sería?
El mejor consejo sería que el status quo no es una opción. Los retos que afronta la sanidad y las oportunidades que tiene por delante requieren una forma diferente de pensar. Tenemos que preguntarnos cómo vamos a organizar el sistema para que sea sostenible. No solo financieramente, sino también socialmente, con el apoyo de la población. Lo más importante es tener una hoja de ruta clara. Entender hacia dónde se dirige la sanidad.
La tecnología está impulsando gran parte de ese cambio. La genética y el análisis de datos son avances imparables y positivos. En Inglaterra, por ejemplo, estamos introduciendo pruebas genéticas al nacer para que cada niño tenga un análisis genético. Así podemos identificar a qué enfermedades puede estar en riesgo y actuar antes. Se trata de mirar hacia el futuro, imaginar cómo será el sistema sanitario y trabajar hacia atrás desde ese futuro. Mi consejo para cualquier ministro de sanidad es siempre el mismo: calcular tiempo extra, porque los cambios siempre tardan el doble de lo que uno cree.
España tiene uno de los sistemas sanitarios más valorados de Europa, pero también enfrenta tensiones importantes. ¿Cuál cree que es su principal debilidad estructural?
El sistema sanitario español tiene enormes fortalezas. Tiene profesionales extraordinarios, un alto nivel de innovación y la salud de la población ha mejorado muchísimo en las últimas décadas. Es una historia de éxito. Pero, como todos los sistemas sanitarios europeos, está afrontando cambios en la demanda y el impacto de la tecnología. No cambiar no es una opción. Debe hacerlo. La cuestión es cómo hacer esos cambios de una manera políticamente aceptable para la ciudadanía. Y eso requiere una conversación muy honesta con el ciudadano sobre qué es posible y por qué se están haciendo los cambios. Y también requiere mucho coraje político para impulsar esas reformas.
España, al igual que Inglaterra, está en medio de una huelga de médicos. ¿Qué similitudes encuentra con la española?
No sé si ambas están relacionadas. En Inglaterra han sido los médicos en formación, los residentes, quienes han estado en huelga. Han tenido aumentos salariales importantes y ahora piden aumentos aún mayores. Eso no es posible ni sería justo, porque otros profesionales del sistema sanitario tampoco están recibiendo esos aumentos. Pero es parte de un debate más amplio sobre si podemos seguir gastando más y más dinero indefinidamente. Y la realidad es que no podemos.
Los médicos son fundamentales para el futuro del sistema sanitario. Son el motor del sistema y cuentan con una enorme confianza por parte de los pacientes. Por eso es importante que los médicos se sientan parte del sistema y no que el sistema simplemente imponga decisiones sobre ellos. Eso significa darles más poder y más influencia dentro del sistema, especialmente a nivel local, donde interactúan directamente con los pacientes.
¿Cómo cree que va a cambiar la tecnología el trabajo de los médicos?
La tecnología va a cambiar mucho la naturaleza del trabajo médico. Por ejemplo, la aplicación del NHS ya ha evitado alrededor de 2,5 millones de citas con médicos de familia, porque los pacientes han podido resolver sus necesidades de forma digital.
El papel del médico está cambiando de manera significativa. En el futuro incluso podríamos necesitar menos médicos de los que pensamos ahora, porque la tecnología podrá resolver parte de las necesidades de atención. Luego, la tecnología será una parte muy importante de la solución, como lo es en muchos otros ámbitos de la vida.
¿Existe el riesgo de que la tecnología aumente desigualdades en el acceso a la salud?
Existen grandes desigualdades en la sociedad y también en salud. Todo lo que hagamos debe orientarse a reducir esas desigualdades. Por eso es importante que los avances en genética y en inteligencia artificial estén disponibles para todos los ciudadanos, independientemente de su origen o situación.
Durante el Forbes Healthcare Summit ha afirmado que “la sanidad del futuro será predictiva o no será”. ¿Qué significa realmente una sanidad predictiva y qué cambios estructurales exige en los sistemas sanitarios actuales?
En el futuro podremos predecir mejor quién va a enfermar, por qué lo hará y qué podemos hacer para evitarlo. Durante mucho tiempo los responsables de políticas sanitarias han querido tener un verdadero sistema de salud y no solo un sistema de enfermedad. La tecnología nos da la oportunidad de hacerlo por primera vez. Pero para aprovechar esa oportunidad debemos cambiar la naturaleza de los sistemas sanitarios. Necesitamos una mentalidad diferente, nuevas infraestructuras, nuevos modelos de organización y nuevas formas de medir el rendimiento.
Los principios fundamentales, como que la atención sanitaria se ofrezca según la necesidad y no según la capacidad de pago, deben mantenerse. Eso no debería cambiar. Lo que debe cambiar es cómo aplicamos esos principios.
¿Cómo ve los sistemas sanitarios europeos dentro de 20 años?
Si se llevan a cabo las reformas necesarias, serán sistemas sostenibles, apoyados en la tecnología, mucho más personalizados y mucho más centrados en la prevención. Pero eso depende de que los responsables políticos asuman el liderazgo del cambio. En el mundo hay dos opciones: resistirse al cambio o liderarlo. Y en sanidad solo hay un lugar donde estar: liderando el cambio.