
Por Pedro Gargantilla, director médico de Medicina Responsable
30 de enero de 2026Si alguna vez has pensado que la historia es solo reyes pomposos en tronos dorados, batallas épicas y tratados solemnes, permíteme que te invite a un viaje bajando la vista. Muy abajo. Muy, pero que muy abajo. Porque el doctor Roberto Pelta, un alergólogo del Hospital Gregorio Marañón con pluma tan afilada como un bisturí y un humor tan contagioso como un estornudo en primavera, nos regala en "Historias de las partes bajas” un tratado escatológico que deja a la Historia en paños menores. Literalmente.
Este libro, de La Esfera de los Libros, no es solo lectura obligada para médicos curiosos, es un bálsamo para cualquiera que quiera entender que los grandes de la historia también tenían... bueno, partes bajas con problemas muy humanos.
Pelta, doctor en Medicina por la Universidad Complutense de Madrid y autor de joyas previas como “El veneno en la historia”, se luce aquí con un estilo cariñoso, casi paternal, hacia esos personajes históricos que, despojados de sus coronas, se revelan tan vulnerables como nosotros. No hay morbo barato ni chismorreo sensacionalista, en sus páginas hay empatía médica pura.
Empecemos por lo obvio: las anécdotas que nos dejen con la boca abierta. Tomemos a Fernando VII cuya “notable superdotación” -así, con todas las letras- fue tan legendaria que inspiró chistes cortesanos y hasta crónicas diplomáticas. Pelta desentraña con maestría cómo este atributo no solo alimentó su ego, sino que influyó en alianzas matrimoniales y dinastías enteras.
Carlos II, el último Austria, cuya impotencia -probablemente por consanguinidad real- selló el fin de una era. Pelta no juzga, explica la patología con ternura, el drama de un rey que no podía perpetuar su linaje. Este ensayo es historia médica al más alto nivel, pero contada como un cotilleo de bar.
¿Y qué decir de las hemorroides asesinas? La de don Juan de Austria, que le provocó una septicemia fatal tras Lepanto, o las de Lutero, cuyo “dolorido ano” inspiró tesis sobre su Reforma Protestante. Pelta brilla con elegancia: detalla síntomas, tratamientos medievales y cómo estos achaques bajos cambiaron tratados de paz.
Imaginemos ahora al Rey Sol, Luis XIV con su fístula perianal convertida en crisis de Estado: toda Europa pendiente de su trasero. El autor lo relata como una epopeya quirúrgica, con un humor tan fino que nos hace aplaudir. Cariñoso con el paciente regio critica la medicina de la época sin piedad, pero siempre con respeto por el sufrimiento humano.
Lo que enamora de Pelta es su pluma. No es un académico árido, es un sabio contándonos secretos alrededor de un fuego. Escribe con ternura por la profesión, pero sin pedantería. Divertido, sí, pero educativo, invita a repensar diagnósticos diferenciales con humor. Para el lector lego es accesible explica términos complejos con analogías cotidianas invitando a la empatía. Y es que detrás de cada corona hay siempre un cuerpo frágil.
En un mundo saturado de libros insulsos, “Historias de las partes bajas” es un oasis, entretiene y conmueve a partes iguales, recordándonos que la medicina no es solo batas blancas sino humanidad en su forma más cruda y graciosa.