
Por Medicina Responsable
9 de septiembre de 2026La vuelta al cole no solo trae consigo el regreso a las aulas y a la rutina. También marca el inicio de la temporada alta de las infecciones pediátricas. Entre septiembre y diciembre, las visitas a Urgencias por infecciones virales y respiratorias pueden aumentar más de un 71% respecto a los cuatro meses anteriores, coincidiendo con el incremento de los contactos estrechos y prolongados entre los niños.
Las aulas se convierten así en un entorno propicio para la circulación de distintos virus, responsables de cuadros que van desde catarros e infecciones respiratorias hasta episodios gastrointestinales. Compartir espacios cerrados durante varias horas, juguetes y materiales, junto con una ventilación insuficiente o una higiene de manos inadecuada, puede facilitar su transmisión.
La llegada del otoño contribuye además a que estas infecciones respiratorias y gastrointestinales adquieran mayor protagonismo y mantengan una presencia constante durante los meses más fríos. “Un niño puede empezar con fiebre, tos o congestión y, días después, presentar vómitos, diarrea o dolor abdominal, bien porque se ha producido una nueva infección o porque el propio virus puede generar manifestaciones diferentes”, explica Carmen Casal, enfermera y vicepresidenta de Enfermería de la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (SEMES).
Ante este repunte estacional, los especialistas recuerdan que algunas medidas sencillas pueden contribuir a frenar la transmisión. Entre ellas se encuentran mantener una buena ventilación de los espacios cerrados y reforzar la higiene de manos, especialmente después de toser o sonarse. “Compartir juguetes y materiales, junto con una higiene de manos insuficiente o una ventilación inadecuada, puede facilitar la propagación de los virus entre los más pequeños”, señala Casal.
Las familias también pueden ayudar a que los niños incorporen estos hábitos desde edades tempranas. “Desde casa podemos ayudar a reducir estas infecciones enseñando a los niños a lavarse las manos después de sonarse o toser, a utilizar pañuelos de un solo uso y a evitar tocarse los ojos, la nariz o la boca con las manos sucias”, explica la enfermera.
A ello se suma evitar compartir objetos que hayan estado en contacto con la boca, como vasos o cubiertos. “Son gestos muy sencillos que pueden incorporarse fácilmente a su rutina desde edades tempranas”, añade.
Pese al aumento de las infecciones durante los primeros meses del curso, la mayoría de los cuadros respiratorios y gastrointestinales infantiles evolucionan favorablemente y pueden manejarse en casa mediante vigilancia y cuidados básicos. Sin embargo, determinados síntomas pueden indicar que la evolución no es la esperada y requieren valoración sanitaria.
En las infecciones respiratorias, uno de los principales signos de alarma es la dificultad para respirar. “Lo que debe alertar a las familias no es tanto que tenga tos o fiebre, sino que presente dificultad para respirar o un empeoramiento claro de su estado general, especialmente si se muestra muy decaído o presenta cambios en la coloración de los labios o el rostro. Estos signos requieren una valoración de un profesional sanitario”, advierte Casal.
En los cuadros gastrointestinales, la principal complicación que deben vigilar los padres es la deshidratación, especialmente en los niños de menor edad. Los vómitos y la diarrea pueden ocasionar una pérdida rápida de líquidos cuando el menor no consigue reponerlos adecuadamente.
Entre las señales que pueden advertir de una hidratación insuficiente se encuentran una menor cantidad de orina, labios secos, ausencia de lágrimas al llorar, decaimiento o una somnolencia fuera de lo habitual.
Desde SEMES insisten, además, en la importancia de observar la evolución del menor y no únicamente la presencia de síntomas aislados. Un cuadro inicialmente leve que empeora progresivamente, una fiebre que reaparece después de una mejoría o la aparición de nuevos síntomas que afecten al estado general son motivos para solicitar una nueva valoración.
La enfermería de Urgencias y Emergencias tiene un papel especialmente relevante durante estos meses, tanto en el triaje y la detección precoz de los signos de alarma como en la orientación a las familias para distinguir los procesos que pueden vigilarse en casa de aquellos que necesitan atención sanitaria.