
Por Medicina Responsable
18 de febrero de 2026Detrás del adormecimiento o entumecimiento de las manos hasta la zona del pulgar, especialmente cuando se manifiesta de noche o al despertar, puede esconderse una patología que es esencial diagnosticar a tiempo: el síndrome del túnel del carpo. Este síndrome se define como el conjunto de síntomas que resultan del atrapamiento del nervio mediano en un lugar comprometido a nivel del carpo, donde el nervio discurre por un auténtico túnel anatómico.
Según explica el doctor Luis Fernández Plaza, especialista en neurofisiología clínica del Hospital Quirónsalud Sur, esta patología tiene una evolución “progresiva e irreversible”, por lo que efectuar un correcto diagnóstico lo antes posible es crucial para evitarlo. Y para conseguirlo, la electromiografía (EMG) es la forma más efectiva. Más específicamente, la electroneurografía (ENG), como procedimiento que valora la conducción nerviosa, es la prueba que se denomina el gold standard, es decir, la técnica de máxima fiabilidad. Aunque hay otras formas de diagnosticar este síndrome, la EMG tiene la fiabilidad de constatar que se trata de esta patología si la prueba sale positiva. Cuando la EMG sale negativa, el especialista señala que “lo más probable es que se trate de un problema cervical, aunque otras patologías deben ser consideradas en función de la edad y el contexto clínico”, explica el doctor Plaza. Por ello, una vez descartado el síndrome del túnel del carpo son necesarias pruebas adicionales para determinar el origen del adormecimiento.
El doctor señala que entre los procedimientos alternativos para detectar el síndrome se encuentra la ecografía de muñeca, aunque la mayor disponibilidad y experiencia acumulada de la EMG la consolidan como una técnica más eficaz. Además, al ser un procedimiento dinámico, que valora directamente la función del nervio, frente a una imagen estática como la ecografía, la EMG permite extraer conclusiones prácticas sobre el grado de afectación y la repercusión funcional del atrapamiento nervioso. En concreto, permite distinguir entre cinco grados de intensidad: incipiente, leve, moderado, severo y muy severo. A su vez, se puede diferenciar la repercusión concreta que la compresión está teniendo sobre el componente sensitivo y el componente motor del nervio.
El atrapamiento del nervio mediano en el carpo también puede describirse como un hallazgo asintomático fortuito en la EMG, fruto de algunas alteraciones metabólicas o endocrinas como la gota o el hipotiroidismo. Estos casos se explican por la tendencia de estas enfermedades a acumular ciertas sustancias, lo que favorece la aparición de un problema que es básicamente de espacio. Sin embargo, el neurofisiólogo apunta que, en estos casos, las molestias son muy pocas debido a la capacidad de adaptación del organismo en un proceso patológico de desarrollo muy lento. “Solo cuando se llega a la lesión severa del nervio, con pérdida de la sensibilidad y de la fuerza correspondiente, el paciente puede ser consciente de la situación”, añade.
Otro tipo de casos a contemplar es cuando la prueba demuestra un atrapamiento del nervio mediano en el carpo, pero debido a una alteración de los nervios más generalizada. Al tratarse de un punto del cuerpo propenso a expresar alteraciones nerviosas, es frecuente que sea un indicador de una patología subyacente más amplia.
En cuanto al tratamiento, este va a depender del grado de afectación y a veces también de consideraciones prácticas del paciente, ajenas a la patología en sí.