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Síndrome del Edificio Enfermo, cuando el trabajo pone en riesgo la salud

Es una afección relativamente nueva -surgió con las obras arquitectónicas de la segunda mitad del siglo XX- causada por la contaminación del aire en espacios cerrados y la mala ventilación

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Síndrome del Edificio Enfermo, cuando el trabajo pone en riesgo la salud

Por Andrea Martín

24 de julio de 2023

En el año 2005, un moderno edificio de oficinas, situado en la entrada del 22@ (el distrito tecnológico de Barcelona), modificó de forma abrupta el skyline de la ciudad condal. Hablamos de la Torre Agbar, obra del arquitecto francés Jean Nouvel y levantada a partir de dos cilindros de hormigón de planta elíptica en 142 metros de altura. Pero, no todo lo que rodeó al edificio desde su construcción fueron reconocimientos. Dos años después de su inauguración, unos 40 trabajadores de los 700 empleados de la torre comenzaron a presentar síntomas de lipoatrofia semicircular, una extraña enfermedad que provoca la pérdida de tejido adiposo, es decir, la grasa corporal. 

La Torre Agbar de Barcelona es uno de los ejemplos más conocidos de nuestro país del denominado síndrome del edificio enfermo, una afección relativamente nueva que surgió con las nuevas obras arquitectónicas de la segunda mitad del siglo XX. Sin embargo, no fue hasta 1986 cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) le puso nombre y relacionó la aparición de determinados síntomas, como dolores de cabeza, falta de concentración, alergias respiratorias o sensación de cansancio, entre otras, con la contaminación del aire en espacios cerrados y la mala ventilación, así como con otros agentes como el estrés del trabajo, el uso de materiales sintéticos, descompensación térmica o la electricidad estática. Independientemente de todos estos síntomas, la única enfermedad reconocida en España relacionada con este síndrome es la lipoatrofia semicircular, una afección que se caracteriza por la pérdida de tejido graso en forma de semicírculos simétricos en áreas del cuerpo como las piernas, los glúteos o los muslos. “A menudo ocurre que, una vez que las personas se trasladan a un edificio nuevo, comienzan a quejarse de que el lugar les enferma. Hasta ahora no se ha podido saber las causas exactas de por qué se originan estos síntomas, pero sí han asegurado la relación directa con el aire del interior”, explica el arquitecto Luis García.

Según García, en un principio, cuando aparecieron los primeros casos, se creía que el problema se encontraba entre los materiales con los que se construían los edificios, pero más tarde se demostró que los síntomas eran producidos por la atmosfera del edificio e, incluso, en algunas plantas en concreto. “En España han existido algunos casos conocidos, no sólo el de la Torre Agbar de Barcelona, también el de la Ciudad de la Justicia de Málaga o la sede central de Gas Natural, en la Barceloneta”. 

La OMS diferencia entre dos tipos distintos de edificio enfermo. El que presentan los edificios “temporalmente enfermos”, es decir, arquitecturas nuevas o de reciente remodelación en los que los síntomas disminuyen y desaparecen con el tiempo, y el que presentan los edificios permanentemente enfermos, donde los síntomas persisten a pesar de haberse tomado medidas para solucionar las complicaciones. Según el doctor Pedro Gargantilla, director médico de Medicina Responsable, “todos los problemas de salud que ocasiona esta situación repercuten en el bajo rendimiento laboral y en el absentismo. Además, la incidencia de esta situación se estima que es más elevada de lo que se pensaba, ya que afecta, al menos, a una tercera parte de los edificios. Entre ellos no solo están las oficinas, sino también escuelas, guarderías, centros comerciales e, incluso, viviendas”. Es más, de acuerdo con la OMS, el 30% de nuestros edificios podrían sufrir del síndrome del edificio enfermo.

Ante los problemas de absentismo que este tipo de edificios puede generar en la salud de los trabajadores, las empresas son cada vez más conscientes de la importancia de trabajar en un ambiente saludable. 

Un difícil diagnóstico

Llevar a cabo un diagnóstico del síndrome del edificio enfermo no es nada sencillo. Habitualmente se da, principalmente, por exclusión, ya que su origen proviene de muchos factores. Para ello, es necesario que mínimo un 20% de los usuarios presente síntomas de malestar como ojos y garganta secas, dolor de cabeza, fatiga mental, mareos, dificultad para respirar, náuseas, erupciones cutáneas e incremento de las infecciones respiratorias y resfriados, entre otros. Sin embargo, también pueden empeorar algunas enfermedades individuales como el asma o problemas dermatológicos. Eso sí, normalmente los signos no van acompañados de lesiones físicas y tienden a desaparecer una vez abandonado el lugar.

Según el doctor Gargantilla, hay una serie de recomendaciones básicas para prevenirlo y combatirlo, como la limpieza periódica de los conductos de ventilación, mantener una temperatura entre los 22º y 24º y mantener la humedad en torno al 45%, ya que el exceso de agua en el ambiente favorece la aparición de bacterias, hongos y ácaros. También, siempre que sea posible, es recomendable abrir las ventanas, realizar descansos en el exterior y no estar sentado constantemente en la zona de trabajo; apartar la vista de la pantalla y mirar a puntos más alejados cada 20 minutos, y cambiar la iluminación para evitar potencias muy elevadas. “En cualquier caso, es necesaria la coordinación de los expertos, arquitectos, ingenieros y médicos para abordar de una forma eficiente la construcción de edificios que eviten daños innecesarios en la salud de sus ocupantes”, concluye el doctor Gargantilla.



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