
Por Santiago Melo
20 de julio de 2026No todas las personas distribuyen las comidas de la misma manera a lo largo del día y, según los investigadores, esa diferencia puede tener consecuencias importantes para la salud. El trabajo, liderado por la profesora Rozanne Kruger, de la Universidad de Griffith (Australia), analizó a 287 mujeres de entre 18 y 45 años para comprobar cómo el cronotipo, es decir, la tendencia natural a ser más activo por la mañana o por la noche, influye en la alimentación y el metabolismo.
Los resultados, publicados en la revista Frontiers in Nutrition, muestran que las personas con cronotipo vespertino no consumían más calorías que las madrugadoras, pero sí las concentraban en las últimas horas del día. Mientras las participantes con cronotipo matutino ingerían una mayor parte de la energía durante la mañana y la tarde, las nocturnas tendían a comer menos entre las tres de la madrugada y las diez de la mañana y a aumentar la ingesta entre las ocho de la tarde y las tres de la madrugada.
Además, quienes tenían un cronotipo vespertino consumían menos proteínas durante la mañana y optaban por alimentos más ricos en grasas, hidratos de carbono y energía durante la noche. Este patrón alimentario se asoció con un mayor porcentaje de grasa corporal, más grasa abdominal y peores indicadores metabólicos, como niveles elevados de glucosa y lípidos en sangre.
Según explica la profesora Kruger, "los cronotipos influyen en nuestras preferencias alimentarias, nuestros comportamientos y nuestro metabolismo". La investigadora destaca que, aunque ambos grupos ingerían cantidades similares de alimentos a lo largo del día, "el momento de la ingesta fue crucial".
Los autores señalan que comer cuando el organismo debería estar descansando favorece que la energía se almacene en forma de grasa en lugar de utilizarse de manera eficiente. Esta alteración del ritmo biológico podría aumentar la susceptibilidad a desarrollar obesidad y otras enfermedades metabólicas con el paso del tiempo.
El estudio también encontró que las mujeres que, de forma natural, preferían acostarse y levantarse más tarde presentaban un índice de masa corporal más elevado, un mayor porcentaje de grasa corporal, perfiles lipídicos menos favorables y una peor regulación de la glucosa que las participantes con cronotipo matutino.
A la vista de estos resultados, los investigadores consideran que la crononutrición, la disciplina que estudia la relación entre los horarios de las comidas y el reloj biológico, puede convertirse en una herramienta útil para prevenir la obesidad y mejorar la salud metabólica. "El momento en que las personas comen puede ser tan importante como lo que comen", subraya Kruger, quien apunta que reducir las comidas nocturnas podría ser una estrategia eficaz para mejorar la salud de quienes tienen un cronotipo vespertino.