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MOGHE, cuando la epilepsia necesita apellidos

Se trata de un subtipo de la patología desconocida hasta hace poco que comienza en la primera infancia y que tiene un complejo diagnóstico

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MOGHE, cuando la epilepsia necesita apellidos

Por Medicina Responsable

16 de septiembre de 2026

El avance de las ciencias sanitarias permite ponerle apellidos a enfermedades cuyo nombre no termina de definir la realidad clínica que se esconde detrás. Esto es lo que ocurrió en el caso del MOGHE (siglas en inglés de mild malformation of cortical development with oligodendroglial hyperplasia and epilepsy), un tipo de epilepsia infantil poco frecuente y difícil de diagnosticar

Tras años de investigación y de identificación de casos que no encajaban por completo en el abanico de patologías conocido, la experiencia acumulada por el Programa de Epilepsia del Hospital Ruber Internacional junto a un equipo internacional permitió definir una nomenclatura para estos casos. Niños con un desarrollo hasta entonces normal comenzaban a sufrir crisis frecuentes y resistentes a los medicamentos, con resonancias aparentemente normales y electroencefalogramas que daban la impresión de afectar a todo el cerebro.

Detrás de algunos de estos casos se encuentra la MOGHE: una entidad poco frecuente, caracterizada por un aumento anómalo de oligodendrocitos, células de la glía implicadas en la formación de la mielina. Fue descrita en 2017 e incorporada después a la clasificación de la Liga Internacional contra la Epilepsia (ILAE).

Una epilepsia que puede esconder su verdadero origen

Localizar dónde comienza la actividad epiléptica en la MOGHE puede resultar muy difícil. Según explica Antonio Gil-Nagel Rein, jefe de Neurología de niños y adultos y director de la Unidad de Epilepsia del citado hospital, durante años se observaron pacientes con crisis desde edades muy tempranas que no respondían a los tratamientos habituales, hasta el punto de "interferir con su neurodesarrollo".

El problema se complicaba porque las pruebas no siempre ofrecían una imagen clara: una resonancia aparentemente normal no excluye la MOGHE, y una revisión sistemática de 2025 encontró que algunos casos con información de imagen no mostraban una lesión identificable. Además, el EEG puede mostrar patrones circunscritos o ampliamente distribuidos, lo que puede llevar a pensar, equivocadamente, que la epilepsia afecta de manera generalizada al cerebro.

La experiencia acumulada ha mostrado que, en realidad, puede existir un origen focal que se propaga a otras regiones, haciendo que el EEG parezca más generalizado de lo que es. "Parecía que todo el cerebro estaba enfermo, pero en realidad la epilepsia se originaba en un solo foco, más o menos amplio", explica Gil-Nagel Rein. La MOGHE se asocia especialmente con epilepsia focal resistente a los fármacos y con predilección por las regiones frontales, aunque puede extenderse a varios lóbulos.

El microscopio encontró lo que las pruebas no siempre mostraban

La identificación de la MOGHE fue posible gracias al análisis del tejido cerebral de pacientes operados de epilepsia. En 2017, un trabajo internacional con investigadores del Hospital Ruber International analizó muestras hasta entonces consideradas "no lesionales", en parte de las cuales se observó un patrón característico: una elevada presencia de células oligodendrogliales en la sustancia blanca y las capas profundas de la corteza, junto a neuronas heterotópicas y una frontera alterada entre sustancia gris y blanca. Así nació el nombre de MOGHE.

La MOGHE no se comporta como otras displasias corticales y puede presentar alteraciones muy sutiles en imagen, lo que hace que su detección siga siendo un reto. La genética ha aportado otra pieza: en determinados pacientes se han encontrado variantes somáticas en el gen SLC35A2, presentes en parte de las células del tejido afectado, lo que apunta a alteraciones producidas durante el desarrollo cerebral.

De un diagnóstico difícil a una posible oportunidad quirúrgica

Identificar correctamente el foco no es solo académico: puede cambiar el tratamiento. Cuando las crisis son resistentes a los medicamentos y las pruebas permiten localizar con precisión la zona responsable, algunos pacientes pueden ser candidatos a cirugía.

Los resultados publicados muestran que la cirugía puede lograr un control importante de las crisis: en una revisión sistemática de 2025, 101 pacientes alcanzaron un resultado favorable, aunque los autores advierten de que la evidencia procede sobre todo de series de casos y debe interpretarse con cautela. En una cohorte pediátrica previa, el 76,2 % de los niños quedó libre de crisis tras la cirugía, con mejores resultados asociados a resecciones más amplias.

La intervención, sin embargo, no es sencilla: en algunos pacientes la zona epileptógena es extensa o difícil de delimitar, y puede ser necesaria la monitorización invasiva para precisar qué tejido tratar.

La MOGHE suele comenzar durante la infancia, y a menudo muy pronto: en una revisión de 163 pacientes, la edad mediana de aparición fue de 1,2 años, y en otra cohorte, el 94,6 % de los niños ya presentaba crisis antes de los tres años.

Cuando la epilepsia es frecuente y resistente al tratamiento en los primeros años de vida, puede asociarse a problemas del desarrollo cognitivo y conductual, por lo que es fundamental reconocer cuanto antes a los pacientes con una epilepsia focal susceptible de tratamiento especializado. En palabras de Gil-Nagel Rein: "Cuando la cirugía es eficaz solemos apreciar mejoría cognitiva y en el control de crisis precozmente". Esto no significa que todos los pacientes vayan a beneficiarse de una cirugía: cada caso requiere una evaluación individualizada en una unidad especializada que integre datos clínicos, electroencefalográficos, radiológicos y, cuando corresponde, genéticos y neuropatológicos.

La MOGHE, que durante años permaneció fuera de las clasificaciones habituales, es hoy una entidad reconocida dentro de las epilepsias relacionadas con malformaciones del desarrollo cortical. El cambio de perspectiva resume buena parte de esta historia: una epilepsia que durante años podía parecer generalizada puede esconder, en realidad, un foco localizado. Y encontrarlo puede marcar la diferencia entre limitarse a controlar las crisis y tratar directamente el origen de la enfermedad.



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