
Por Medicina Responsable
21 de octubre de 2026Antes de subirse a su tabla, Miguel Bishop, conocido como Mikey, recorre con su bastón las rampas y los desniveles de un skatepark de Bellingham, en el estado de Washington (Estados Unidos). Necesita reconocer el terreno, memorizar sus curvas y familiarizarse con el espacio antes de lanzarse. Tiene 21 años y nació ciego debido a la enfermedad de Norrie, una afección genética extremadamente rara que altera el desarrollo de la retina. El skate se ha convertido en una de sus grandes pasiones.
Su historia ha sido recogida por el periódico estadounidense Cascadia Daily News, al que Mikey explicó cómo ha desarrollado su propia manera de orientarse sobre la tabla. Antes de patinar, utiliza su bastón para explorar las rampas, reconocer las curvas y detectar los cambios de pendiente. De esta manera, comienza a familiarizarse con la distribución de la pista y a construir una referencia mental del espacio que va a recorrer.
El oído también desempeña un papel importante. Escuchar el sonido de las ruedas y las tablas de otros patinadores al desplazarse por las rampas le proporciona información sobre el entorno. A estas referencias auditivas se suma la memoria, que le permite recordar la ubicación de los distintos elementos del skatepark una vez que los ha reconocido.
Sin embargo, cada pista nueva supone un proceso de aprendizaje. Mikey lo compara con entrar en una casa desconocida: al principio no sabe dónde está cada cosa y necesita tiempo para familiarizarse con el lugar. Por eso, cuando llega a un nuevo skatepark, vuelve a explorar sus características antes de desenvolverse con mayor soltura. Las caídas también forman parte de ese aprendizaje, pero no le han hecho abandonar el deporte.
Una vida vinculada al deporte desde la infancia
Mikey fue adoptado a los dos años, junto a sus dos hermanas, por una familia de Washington. Según relató al periódico, sus padres adoptivos siempre lo animaron a desenvolverse por sí mismo, sin limitar sus posibilidades por su discapacidad visual.
Su relación con el deporte comenzó mucho antes de descubrir el skate. A los siete años empezó a practicar BMX y lucha libre, disciplina en la que llegó a competir y consiguió un octavo puesto estatal en 2020.
A los 15 años, después de sufrir una lesión de clavícula mientras practicaba BMX, su primo lo animó a probar el skate. Desde entonces, ha continuado aprendiendo nuevas maniobras y adaptándose a diferentes pistas.
Pero el skate no solo le ha permitido desarrollar habilidades deportivas. Mikey reconoce que antes era tímido y tenía dificultades para hacer amigos. Compartir tiempo con otros patinadores le ha ayudado a relacionarse, intercambiar consejos y formar parte de una comunidad.
¿Qué es la enfermedad de Norrie?
La enfermedad de Norrie es una patología genética muy poco frecuente, causada por alteraciones en el gen NDP, localizado en el cromosoma X. Según explica Orphanet, estas alteraciones afectan al desarrollo de la retina y pueden provocar una pérdida grave de visión o ceguera desde el nacimiento, como ocurre en el caso de Mikey.
La enfermedad afecta principalmente a varones y, en algunas personas, puede acompañarse de pérdida progresiva de audición y otras alteraciones del desarrollo. No obstante, sus manifestaciones varían entre pacientes y no todas las personas presentan las mismas complicaciones.
Según la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos, se han descrito más de 400 casos en la literatura médica mundial, una cifra que refleja su extraordinaria rareza, aunque no representa necesariamente el número total de personas afectadas.
El skate como forma de autonomía y conexión
En el parque de Bellingham, Mikey continúa perfeccionando su técnica y aprendiendo a reconocer nuevas rampas. Su experiencia también ha despertado el interés de otros patinadores, algunos de los cuales le han contado que se animaron a probar este deporte después de conocer su historia.
Lejos de considerarse un ejemplo extraordinario, el joven explica que saber que puede animar a otras personas es precisamente una de las razones que lo impulsan a seguir progresando.
Su historia muestra cómo ha encontrado en el skate no solo una actividad deportiva, sino también un espacio para relacionarse con otras personas, ganar confianza y seguir desarrollando su autonomía.