
Por Santiago Melo
9 de septiembre de 2026La leishmaniosis cutánea sigue siendo una de las enfermedades tropicales desatendidas con mayor impacto en determinadas regiones del mundo, especialmente en zonas rurales y poblaciones vulnerables. Ahora, investigadores del Instituto de Investigación del Hospital 12 de Octubre i+12 y de la Universidad Complutense de Madrid han desarrollado una nueva estrategia terapéutica que ha mostrado resultados prometedores en ratones.
El tratamiento combina una formulación tópica de anfotericina B, un potente fármaco antiparasitario, con una vacuna de ADN denominada HisAK70. La idea es actuar por dos vías al mismo tiempo: mientras la crema combate directamente al parásito, la vacuna busca estimular el sistema inmunitario para que el organismo controle mejor la infección.
El estudio, publicado en International Journal of Molecular Sciences, se centró en la infección provocada por el parasito Leishmania major. En los modelos analizados, la combinación resultó significativamente más eficaz que el uso del medicamento por sí solo.
Los investigadores observaron una reducción del 98,1% de la carga parasitaria en los ganglios linfáticos y del 99,6% en el bazo. Además, la terapia logró frenar la progresión de las lesiones cutáneas asociadas a la enfermedad.
Una enfermedad que puede dejar cicatrices permanentes
La leishmaniosis se transmite a través de la picadura de flebótomos infectados, conocidos también como moscas de la arena. Aunque es más frecuente en regiones tropicales y subtropicales, factores como el cambio climático, los conflictos armados y la inestabilidad socioeconómica están favoreciendo su expansión hacia nuevas áreas.
La enfermedad provoca lesiones ulcerosas en la piel que pueden dejar cicatrices permanentes. Estas secuelas físicas pueden tener además un fuerte impacto psicológico y social, especialmente en lugares donde la enfermedad sigue asociándose a estigma.
Los tratamientos disponibles actualmente presentan varias limitaciones. Algunos pueden ser tóxicos, costosos o difíciles de administrar, especialmente en las regiones más afectadas. Por eso, los investigadores buscan alternativas que sean eficaces, más fáciles de utilizar y con menor riesgo de generar resistencias.
Javier Carrión Herrero, responsable del Grupo de Investigación Traslacional en Leishmaniosis del Instituto i+12 y jefe del Grupo de Investigación Veterinaria de la Universidad Complutense, destaca precisamente este aspecto. Según explica, “uno de los puntos más destacados es que la anfotericina B presenta un bajo riesgo de generar resistencias en comparación con otros fármacos actuales”.
A juicio del investigador, esta característica podría convertir la combinación de crema y vacuna en una alternativa más duradera frente a la enfermedad, siempre que los resultados obtenidos hasta ahora puedan reproducirse en futuras fases de investigación.
Pese a los buenos resultados en animales, los autores insisten en que el tratamiento todavía se encuentra en una fase experimental. El siguiente paso será profundizar en los mecanismos biológicos que explican su efecto y avanzar hacia estudios clínicos que permitan comprobar su seguridad y eficacia en personas.
Carrión señala que “el camino a seguir implica más investigación clínica que valide la eficacia y seguridad del tratamiento”, con el objetivo final de convertir este avance en una opción accesible para las poblaciones más afectadas por la leishmaniosis cutánea.