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Gonzalo Calderón, el médico que ha sobrevivido cinco veces al cáncer

Después de superar la enfermedad una y otra vez, vive la vida aplicando su filosofía: aprovechar el presente y ser feliz

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Gonzalo Calderón, el médico que ha sobrevivido cinco veces al cáncer
Gonzalo Calderón

Por Aurora Molina

13 de junio de 2024

Hay momentos en la vida en los que toda la luz que conocemos se apaga, donde se esfuman los planes de futuro y toca adaptarse a lo inminente. Cuando esto ocurre caemos en picado a un pozo sin fondo, pero siempre hay quienes encuentran la manera de salir a flote pese a las adversidades. Esto lo sabe muy bien Gonzalo Calderón, médico de profesión, un súper superviviente que ha derrotado al cáncer al menos cinco veces a lo largo de sus 33 años de vida.

“Mi primer cáncer fue un linfoma no Hodking que tuve con 10 años. Estaba en estadio IV, por lo que era muy grande y además tenía metástasis”. Esta enfermedad comienza en los glóbulos blancos (linfocitos) que forman parte del sistema inmunitario del cuerpo, debilitándolo y anulando prácticamente su principal función: proteger al organismo contra enfermedades e infecciones.

Recibir un diagnóstico como este hace que salten todas las alarmas, no solo para el propio paciente, sino para quienes están a su lado. Es duro recrear la imagen de un niño pequeño que lucha contra una metástasis, pero lo hizo y ganó. 

Gonzalo superó su primer cáncer después de un largo camino sin saber que, desafortunadamente, la vida le tenía guardado algún que otro episodio similar en el futuro. “Ingresé en el Vall d’Hebron de Barcelona donde estuve unos cuantos años. Allí me dieron quimioterapia y radioterapia, pero como ninguna de las dos funcionó, probaron con un trasplante de médula de mi hermano pequeño esperando que hiciera un rechazo injerto contra huésped”. Para llegar a este punto, la situación de Gonzalo no era favorable, él mismo la describe como “una medida desesperada”, pues las posibilidades de que saliera mal eran bastante grandes, pero afortunadamente salió bien. 

Como era de esperar, atravesar por una etapa de este calibre deja secuelas que nos impiden desarrollar una vida normal. “Estuve sin poder ir al colegio de forma habitual hasta primero de bachillerato”, explica. 

Después del linfoma llegó un mesotelioma peritoneal, un cáncer extremadamente raro. “Los médicos no se imaginaban que fuera a ser este tipo de cáncer, no lo veían”. Dadas las características, la vía más acertada fue realizar una cirugía muy compleja que “consiste en sacar todas las vísceras abdominales, cortando y quitando todo lo que está mal para luego introducirlo de nuevo y dar una quimioterapia a 42 grados durante una hora aproximadamente”. Esto le dejó grandes secuelas a nivel físico y emocional: “Salí hecho una mierda, me quedé en nada, pesaba 47 kilos”, asegura. 

Pero aun así Gonzalo volvía a ganar. Sin embargo, la guerra todavía no había terminado, aún le quedaba alguna que otra batalla que superar. La siguiente fue un cáncer en el intestino, en el colon transverso, y después, un leiomioma en el costado. “Me hicieron una cirugía muy destructiva, me quitaron los músculos, me rasparon la costilla y, como tenían que hacer unos márgenes muy amplios, tuvieron que hacer un agujero ‘bastante elegante’. Pero funcionó, salió bien”. 

Tal es la relación de Gonzalo con el cáncer que los médicos ya no se atreven ni siquiera a decirle que está curado, sino que optan por decir que está “ausente de enfermedad”. Dada su experiencia, es curioso que alguien que ha pasado por tantas cosas decidiera estudiar medicina, pero así fue. “No tenía ni idea de qué hacer con mi vida, pero como soy un optimista pensé que, como me habían hecho tantas cosas, sabría algo de medicina. Es una profesión que me gusta porque soy muy empático y me gusta poder ayudar a los demás. Y, por qué no decirlo, como he tenido casi todo lo que se pueda imaginar, empatizar es algo que se me da bien. Tengo mucha experiencia siendo paciente”. 

El sencoísmo y Gonzalo 

Atravesar cinco tipos de cáncer, estudiar medicina para ayudar a los demás, publicar el libro “Mi guía del superviviente oncológico” y crear su propia “religión”: el sencoísmo. Así es la vida de Gonzalo Calderón, el chico que un día se propuso hacer más fácil el día a día de los demás compartiendo su filosofía de vida. “Cuando te enfrentas a algo que no tiene respuesta ni tienes posibilidades, ni tienes absolutamente nada, necesitas apoyarte en una fe”. Vivir día tras día encerrado en un hospital y con un pronóstico como el suyo puede llegar a ser, en muchos casos, sinónimo de desesperación. Ahí fue cuando el sencoísmo fue tomando forma para Gonzalo. “Un día pensé que los dioses son ideas y las ideas, aunque sean intangibles, tienen poder, por lo que ese Dios iba a tener poder y me iba a ayudar”.

A partir de ahí, decidió dar un paso más allá y compartir todo en lo que él creía. “Me di cuenta de que había creado una cosa que vendría bien a la gente que estuviera en mi situación. Al final estamos en este mundo y no sabemos lo que hay después, pero sí sabemos que estamos aquí, por lo que vamos a disfrutar mientras estemos, eso es el sencoísmo, donde todo lo que hagas tiene sentido porque está destinado a que seas más feliz”.



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