
Por Santiago Melo
7 de mayo de 2026En época de exámenes, el dolor de cabeza no suele aparecer “de la nada”, sino que se alimenta de varios factores que se acumulan a la vez: más estrés, más horas sentado, menos sueño y menos pausas. Según distintos estudios, 9 de cada 10 universitarios tiene dolor de cabeza a lo largo del año; entre un 30% y un 50% presenta cefaleas recurrentes y entre un 10% y un 20% padece migraña.
El doctor en Fisioterapia Javier Bonastre, coordinador del Grado en Fisioterapia de la Universidad Europea de Valencia, explica que en estas semanas se intensifican los desencadenantes habituales. “El estrés, el aumento de horas de estudio y la reducción de descansos crean un contexto que facilita que las cefaleas aparezcan o se agraven”, señala. A esto se suma el uso prolongado de pantallas y la tendencia a “aguantar” sin levantarse, algo que dispara la fatiga física y mental.
Uno de los mecanismos más frecuentes en población joven es la cefalea tensional, muy ligada a la tensión cervical. Pasar horas con el cuello inclinado hacia delante, sin variar de postura, hace que se cargue la musculatura del cuello y la zona alta de la espalda. Esa tensión mantenida puede terminar manifestándose como dolor de cabeza, especialmente al final del día o tras sesiones largas de estudio.
El componente emocional también pesa. El doctor Bonastre recuerda que el estrés no solo aumenta la probabilidad de dolor, sino que puede hacer que el cerebro lo interprete como más intenso o preocupante. En población universitaria, algunos estudios muestran que más del 50% del alumnado puede llegar a preocuparse en exceso por síntomas leves cuando la exigencia académica es alta.
El impacto en el rendimiento no es menor. En estudiantes con migraña, algunos trabajos señalan que pueden perder hasta 14 días de actividad en apenas tres meses, con consecuencias directas en la concentración, la energía y la regularidad para asistir a clases o estudiar.
Por eso, los especialistas insisten en que no conviene normalizar estas cefaleas como parte de la época de exámenes. La prevención, explican, suele depender de hábitos sencillos, pero constantes: hacer pausas, moverse, cuidar la postura y respetar descansos. “El problema no es estudiar más, sino hacerlo sin pausas”, subraya el doctor Bonastre, que recuerda que el cuerpo no está preparado para mantener niveles altos de concentración física y mental durante horas sin una transición de descanso.
En la práctica, esto se traduce en medidas concretas: levantarse cada cierto tiempo, cambiar de posición, estirar la zona cervical y hombros, alternar tareas, ajustar la altura de la silla y la pantalla para no “encorvar” el cuello, e intentar sostener un mínimo de rutina de sueño, especialmente en días consecutivos de estudio intenso.