
Por Virginia Delgado
8 de mayo de 2026A pesar de que en España hay más de seis millones de personas que tienen algún grado de enfermedad renal crónica y de que, en estadios avanzados, su tasa de mortalidad puede ser 10 veces mayor a la de la población en general, esta patología se diagnostica muy tarde.
La razón se debe a que no presenta síntomas en fases tempranas. “La enfermedad renal crónica no produce dolor de ningún tipo; es una alteración gradual de la función de los riñones. Esto es, los dos tienen una serie de funciones que, por la edad o por factores de riesgo, se van perdiendo progresivamente. Pierden su capacidad para filtrar la sangre y eliminar toxinas. Se habla de enfermedad cuando el daño renal persiste durante, al menos, tres meses”, explica a Medicina Responsable el doctor José Luis Górriz, jefe de Servicio de Nefrología del Hospital Clínico Universitario de Valencia y profesor de medicina Universidad de Valencia.
La muerte de las nefronas (unidades básicas del riñón) es la causante de que, poco a poco, los riñones dejen de trabajar. “Las que siguen funcionando compensan la pérdida de las que no, hipelfiltrando y yendo aceleradas. Esta compensación hace que el riñón no se entere de que va fallando. Pero llega un momento en que el paciente tiene mayor presión arterial, se le hinchan las piernas, tiene dificultad o cambios en la orina… Empiezan los síntomas, pero ya en fases muy tardías”, subraya el doctor Górriz. Por esta demora, el nefrólogo recomienda hacerse análisis de sangre y orina de forma periódica.
En cuanto a los factores de riesgo que hacen aparecer la enfermedad renal crónica, el nefrólogo señala la diabetes y la hipertensión. Por otro lado, destaca el envejecimiento de la población. “Aquí hay que pararse a pensar. Los riñones tienen un envejecimiento fisiológico, pero no nos preocupamos por ello. Nos tratamos para mejorar un cáncer y otras complicaciones, ¿y estos órganos? Hay que tomar medidas”, indica el nefrólogo a Medicina Responsable.
Esta patología puede traer consigo otras. Y es que a medida que se pierde la función renal incrementa el riesgo cardiovascular. “Es siete u ocho veces más probable que un paciente con problemas renales fallezca o tenga complicaciones cardiovasculares a que inicie diálisis”, señala el doctor Górriz.
La enfermedad renal crónica no tiene un tratamiento específico, sino que se lleva a cabo la nefroprotección, que es el conjunto de medidas terapéuticas y de estilo de vida destinadas a prevenir, retrasar o detener la progresión de esta patología. “El tratamiento es una abordaje global de medidas generales; ejercicio físico, dieta con poca sal, evitar grasas, controlar la presión arterial… Es lo que nos dice el sentido común para nuestra salud general”, añade el nefrólogo.
En el estudio FIND-CKD, se ha comprobado la eficacia y la seguridad de la finerenona en pacientes con enfermedad renal crónica no diabética, al reducir el deterioro de la función renal. “Es un fármaco que bloquea la aldosterona, una hormona que cuando está en exceso produce problemas renales. Hay más medicamentos que bloquean este receptor, pero no de manera tan específica y completa como la finerenona que, además de beneficio renal, ha demostrado beneficio cardiovascular”, concluye en doctor Górriz.