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La cara y la cruz del brote de ébola en el Congo: “Su sistema está roto, pero tienen experiencia en la gestión de epidemias”

A pesar de que sigue extendiéndose y la violencia contra los médicos cada vez es mayor, el cooperante internacional Rosauro Varo Cobos pone en valor la conocimiento de estos agentes infecciosos y de su población

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La cara y la cruz del brote de ébola en el Congo: “Su sistema está roto, pero tienen experiencia en la gestión de epidemias”
Fotografía del Centro de tratamiento del ébola en Bunia (Ituri). Fuente: Europa Press.

Por Clara Arrabal

31 de agosto de 2026

El brote de ébola que asola la República Democrática del Congo sigue batiendo cifras de fallecidos que nunca antes se habían registrado: a fecha de 31 de agosto, ya son más de 2.860 los muertos contabilizados, y otros miles infectados, en una epidemia que se ha convertido en una de las más letales del continente. Tanto es así que, en una medida de absoluta emergencia, el país ha recibido este sábado la primera remesa de la vacuna Ervebo, de dudosa eficacia frente a la cepa Bundibugyo y para la que realmente no hay vacuna conocida. Estas son 70.000 dosis que serán empleadas en programas adicionales de ensayos.

"Este brote es un ejemplo paradigmático de lo que implica una epidemia en un país con un sistema sanitario muy frágil, grave escasez de recursos humanos y mucha precariedad a nivel laboratorial", explica a Medicina Responsable Rosauro Varo Cobos, pediatra, investigador y cooperante que ha estado en lugares como República de Sudáfrica, Malawi, República Centroafricana, Marruecos, Senegal o Mozambique. "También es una zona con mucha movilidad transfronteriza, desigualdades territoriales, conflictos armados y desconfianza política, y quizá esa sea una de las claves que los médicos tienen en cuenta", añade, ofreciendo una visión amplia y general sobre cómo afectan estas epidemias en dichos contextos. 

El ébola, una cruz en países armados

Los datos no dejan lugar a dudas: este brote es el más letal de su historia reciente, dejando ya más de 2.862 muertos y 5.945 casos confirmados en todo el país, según el último balance de este domingo, al término de una semana de nuevas propagaciones. Además, ya son 60 las zonas sanitarias de emergencia identificadas por los equipos de contención tras la incorporación el pasado viernes de Biena y Manguredjipa, en la provincia de Kivu Norte, mientras la tasa de letalidad sigue subiendo lenta pero constantemente (ahora mismo es del 48,1%), de acuerdo con los datos recabados hasta el 28 de agosto.

Por otro lado, el experto destaca el impacto que el brote está teniendo sobre otras patologías como la malaria, la diarrea o la atención maternoinfantil, que quedan completamente relegadas, con las consecuencias que eso provoca. “Es una bomba de relojería que desarma un sistema ya debilitado”, explica, alegando que, aunque “pensemos en cómo controlarlo, las situaciones ideales no pueden darse en estos casos”. “Por ejemplo, la prevención de contagios o la realización de PCRs son acciones mucho más complicadas, y eso repercute en la respuesta”, argumenta.

Violencia contra los médicos

Y es que los episodios epidemiológicos de las últimas décadas en África no podrían entenderse sin valorar su contexto, algo que “también deberían hacer los médicos”, según el experto, para comprender cómo se ataja desde el punto de vista social la violencia extrema, los conflictos históricos y la desconfianza en las autoridades.

Hasta el momento, la inestabilidad en las seis provincias donde se ha registrado el brote ha dejado ataques específicos contra médicos o centros de salud "principalmente en comunidades mineras y entre grupos de hombres jóvenes", según la ONU. De hecho, se han documentado 260 asaltos y ocho trabajadores médicos muertos, por no mencionar que el ébola ha matado ya a otros 43.

“Se habla de la desconfianza de la población y se hace viral en Internet un asesinato en un centro de salud, pero hay que entender de dónde viene. Probablemente no sea un acto de ignorancia y salvajismo primitivo, sino que se da en un contexto de mucha violencia y promesas incumplidas del Estado”, expresa el cooperante, defendiendo la labor de los facultativos.

La cara amable del brote

Sin embargo, a pesar de ser sistemas debilitados y sociedades con gran inestabilidad, el experto destaca que tienen más experiencia en el control de pandemias y epidemias, sobre todo a la hora de trabajar con ciertas enfermedades que en España o Europa no se dan. “En esta línea, creo que deberíamos dar una perspectiva positiva de cómo trabajan los sanitarios y las autoridades de estos países para dar una buena respuesta a brotes como este”, afirma.

"Ellos tienen muchas lecciones aprendidas que nosotros, en España, todavía no hemos puesto en práctica. Los médicos y enfermeros de África son las personas que ponen el esfuerzo, la energía y el cerebro en controlar el brote, porque ya están acostumbrados a estos agentes infecciosos", destaca, y sostiene que, "aunque tienen graves problemas debido a los recursos con los que cuentan, no ocurre lo mismo en el terreno del conocimiento de las enfermedades, de sensibilización con ellas o de entendimiento de su población de manera natural y orgánica".

Por último, respecto al papel de las ONGs, Varo Cobos expleca que, al ser una zona precaria y con gran inestabilidad política, "las ONGs vienen a suplir en muchos casos lo que su Estado no puede hacer". Además, estas también tienen experiencia en este tipo de brotes y aportan gran capacidad logística y humana para hacer frente a su respuesta.



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