
Por Medicina Responsable
29 de septiembre de 2026Esta semana, la última del mes de septiembre, comenzaba para el cardiólogo José Abellán de manera similar al resto: rutina de trabajo en el hospital, ejercicio diario para mantenerse en forma... Sin embargo, pronto se dio cuenta de que algo cambiaría todo: una de sus primeras atenciones urgentes provenía de un joven de 20 años, que presentaba un infarto de miocardio a pesar de su corta edad.
"Este tipo de eventos suelen ser casos extraordinarios en pacientes tan jóvenes. Pero los cardiólogos coincidimos en un mismo aspecto: tenemos la sensación de que cada vez se dan con más frecuencia, aunque sigan siendo sucesos aislados", afirma el especialista a Medicina Responsable.
Una reflexión que le ha llevado a expresar un mensaje claro con motivo del Día Mundial del Corazón, que se celebra este 29 de septiembre: "El mayor problema de salud pública de nuestro país debe atajarse desde la juventud, mediante concienciación y prevención".
¿Qué hay detrás de los casos de infartos de miocardio en jóvenes?
Es importante decir que no son más frecuentes que los de otras franjas de edad, pero cada vez se ven más y empiezan a ser algo menos extraordinario, aunque de momento lo siguen siendo. Pero sí, detrás de estos casos hay tóxicos, un mal estilo de vida o enfermedades genéticas. Pero, cuando el paciente es muy joven, raro es el caso de infarto que no fuma o que se cuida.
En este sentido, los datos nos dicen que se sigue fumando mucho. Por debajo de los 18 años, el 20% ha probado el tabaco y, por encima de esa edad, un 21% de los adultos fuman. Además, las tasas de una mala composición corporal y de sobrepeso son muy altas. A día de hoy, uno de cada cinco adultos presenta obesidad, más de la mitad tiene sobrepeso y la mitad de la población no cumple con las dosis de ejercicio mínimo diario.
Si lo arrastramos desde que somos muy pequeños, conseguimos generar enfermedades cardiovasculares desde la infancia y podemos debutar con un evento en edades muy tempranas, incluso a los 20 años.
Ante esta realidad, ¿estamos ante una falsa sensación de seguridad basada en la idea de que "a mí un infarto no me pasará porque soy joven"?
Sin duda. Yo mismo he atendido algún caso de personas con 20 años e infarto. Al final, los factores de riesgo siempre están ahí y nos pueden perjudicar durante toda la vida. Cuánto más nos expongamos a ellos en el tiempo y en un periodo más temprano, nuestras probabilidades de tener un evento cardiovascular aumentan.
Además, ahora mismo las enfermedades que más nos matan a nivel de salud pública son los eventos cardiovasculares y el cáncer. Y, si nos referimos a las causas individuales, el líder indiscutible sigue siendo el infarto de corazón, por encima de cualquier tipo de cáncer. Con lo cual, si alguien duda de que esto es un problema de salud pública es que está mirando los datos de otro planeta.
¿Cómo evitarlos, en el caso de los jóvenes?
Lo primero sería evitar los tóxicos y, luego, llevar un estilo de vida adecuado. Principalmente en lo que más fallamos es en el sedentarismo, pero también hay gente joven cuyas tasas de estrés están aumentando muchísimo. Después, también influyen el descanso y la alimentación, que están empatados.
Hablando de estrés, hay mucho debate sobre cuidar la salud mental, pero menos de su relación con la salud cardiovascular. En este sentido, sabemos que la impronta es bastante y aumenta muchísimo el riesgo de sufrir enfermedad aterosclerótica, que es el germen de la enfermedad cardiovascular que más nos mata. Una persona estresada tiene más frecuencia cardíaca, más presión arterial, descansa peor y todo esto conlleva que se acelere el crecimiento de aterosclerosis y el riesgo de sufrir un infarto.
¿Qué mensaje querría trasmitir a los jóvenes?
Que tienen que estar activos. Que no se sientan invencibles por ser jóvenes, porque el sedentarismo mata mucho y es importante movernos y hacer ejercicio regularmente. Aunque sean jóvenes y tengan toda la vida por delante, el estrés es un mal compañero.
La vida son muchas más cosas que la ansiedad y los nervios por un trabajo o por cosas más banales que nos parecen que importantes. Teniendo esto en cuenta, deben cuidar su salud y disfrutar mucho de la vida a la vez. Ambas cosas son posibles.
¿Y a los responsables de realizar las políticas de prevención que podrían salvar millones de vidas?
Les diría que, a pesar de que en los últimos años soy consciente y reconozco que se están llevando a cabo muchas medidas que son importantes, como la restricción a los espacios con humo o la promoción de las zonas verdes para hacer ejercicio, son insuficientes y hay muchas más cosas que se pueden hacer.
Se puede prescribir, por ejemplo, el ejercicio físico a todo el mundo. Se puede poner trabas a la venta de bebidas energéticas, que son un problemón entre la gente joven; también animar a que los alimentos que se compran en el mercado sean lo más saludables posibles... Las vías de mejora son muchas porque, repito, estamos hablando del mayor problema de salud pública a día de hoy.