
Por Luis del Val
30 de abril de 2026Oviedo forma parte de la biografía del cronista. Así que no me ha extrañado que, cuando he entrado en la cafetería Munich, que está en el chaflán de enfrente, el dueño, José, me haya saludado como a un amigo. Le he dicho que venía de monaguillo del entrevistador, Ernesto Sáenz de Buruaga, y rápidamente me ha dicho: “Así son las cosas y así se las hemos contado”, la frase con la que cerraba los telediarios. Por si fuera poco, se cierra la Feria de toros de La Maestranza, y comienza, dentro de muy poco, la Feria de San Isidro, y, por vez primera, el plató de la entrevista forma una circunferencia, así que he sospechado que, a lo peor, si la entrevista salía bien, tenían que dar la vuelta al ruedo, la consejera de Sanidad y su entrevistador.
Por si fuera poco, anoche, cenamos con un amigo de Oviedo, que habla de los asturianos de Gijón con la misma simpatía con la que los de Bilbao hablan de los de San Sebastián. Y resulta que la consejera es de Gijón. Menos mal que mis temores no se han confirmado, y quien se refugia bajo el nuevo pelo rubio o blanquecino, y digo nuevo en el sentido más profundo de la esperanza en el presente y en el futuro, ha sabido proporcionarme sosiego y tranquilidad.
Haber sido médico, paciente, y alto cargo político de la Sanidad le proporciona una tridimensionalidad que seguro que será beneficioso para los administrados.
Comprende a la ministra de Sanidad, mucho más que los médicos, que -según he leído hoy en la portada de La Nueva España de Oviedo- han alcanzado un 73% de seguidores de la huelga.
Pantalón negro, chaqueta negra de solapas tradicionales y polo o camiseta blanca. Por los puños de la chaqueta se escapa una bocamanga rosa y otra blanca, la misma chaqueta se alegra con ornamentos de bordado lineales y blancos, donde podemos encontrar una especie de sol en la solapa derecha, y un corazón atravesado pro una flecha, en la izquierda. La síntesis del atuendo podría ser la seriedad oscura, sin renunciar a las alegrías claras y rosadas, tal como suele ser la vida.
Proyecta comprensión ante los argumentos que no comparte y asiente cortésmente ante las exposiciones, lo que nos hablaría de una persona acostumbrada a la negociación, nunca encastillada en la rigidez, lo que no significa, ni mucho menos, sumisiones o renuncias. Creo que su suavidad envuelve también una firmeza evidente.
La mirada, tras los cristales de las amplias gafas, es clara y nunca huidiza, mirando siempre al interlocutor de frente. Dialécticamente es habilidosa, y argumenta con inteligencia, encomiable su defensa de la sanidad pública y el reconocimiento de la santidad privada.
Sospecho que es persona difícil de conocer, lo cual no es ni una virtud ni un defecto, porque la introversión y la extroversión no son premios ni castigos.
Como escribidor de novelas, me aferraría a ese pelo corto y renovado, alegoría de la renovación, del resurgimiento, a esos centímetros de larga esperanza y larga vida, con la que me gustaría volver a encontrarnos, cualquier día, con el pelo más largo, y los afectos más profundos.