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Carmen Fúnez

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Carmen Fúnez

Por Luis del Val

23 de abril de 2026

Cerca de aquí, entre la calle Francos y la calle del León, estaba la casa donde murió Cervantes un 23 de abril. Y el mismo día de 1616 o el día anterior, lo hacía en Inglaterra Wiliam Shakespeare. Por eso, hoy, se celebra el día del Libro.

Nuestra entrevistada ha leído muchos libros y, a muy temprana edad, tomó el camino de la política desde su lugar natal, Almodóvar del Campo. Es paisana, pues, de Juan de Ávila, al que se le atribuye el famoso soneto que comienza:

“No me mueve mi Dios para quererte
el cielo que me tienes prometido
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por esto de ofenderte”.

Y no, no nos perdemos porque los libros nos ayudarán a componer el retrato, y no olvidemos que el padre de Cervantes era cirujano, cirujano del siglo XVII, pero cirujano, y que, hoy, al ver el verde atuendo de doña Carmen Fúnez, recordamos a Federico García Lorca y podemos decir:

“Verde que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas,
el barco sobre la mar,
y el caballo en la montaña”.

En reposo, el semblante es serio, pero la sonrisa es tan abierta como un anuncio de salud dental, lo que nos podría recordar el poema de Leopoldo Panero, que se inicia: “Ya empieza tu sonrisa como el son de la lluvia en los cristales”. Pero el comienzo de la entrevista no ha sido nada poético, y María Fúnez habló de la política de decorado del Gobierno, en un resumen que se podría sintetizar con el título de una comedia de Shakespeare: “Mucho ruido y pocas nueces”. Claro, que este inicio abrupto podría recordar otra comedia del mismo autor “A buen fin, no hay mal principio”.

Tiene las manos largas y ahusadas, todavía más prolongadas por las cuidadas uñas, sin colores estridentes. Por cierto, al principio de la entrevista se las sujetaba, lo cual es signo de prudencia, pero a medida que entrábamos en materia, se han vuelto contundentes. La mano izquierda tiende engavillar los dedos, como si allí le cupieran todos los argumentos, mientras la derecha señala, acusa y subraya.

Decía Miguel Hernández de las manos:

“La mano es la herramienta del alma, su mensaje,
y el cuerpo tiene en ella su rama combatiente.
Alzad, moved las manos en un gran oleaje, hombres de mi simiente”.

La seguridad en sí misma se evidencia en que mantiene las piernas en posición horizontal y paralela. Tampoco las ha cruzado, lo que anuncia que no se relaja en tiempos de trabajo, y permanece siempre atenta.

Desde luego el entrevistador y la entrevistada no parecían Romeo y Julieta, ni siquiera Persiles y Segismunda. Y perdón por el abuso literario, pero hoy es el día del libro, y el libro nos ayuda a soñar, a aprender, a viajar, a imaginar y a poder enseñar. Con toda modestia, le pedimos que acepte el regalo de un libro, que ha sido escrito por su entrevistador y este servidor de usted, que acaba de leer esta torpe semblanza.

 



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