
Por Virginia Delgado
2 de septiembre de 2026Cada año, a pocos días de que comience el curso escolar, nos planificamos y consensuamos con nuestros hijos diferentes cosas como la ropa que llevarán, el material escolar o un nuevo horario de uso del móvil. ¿Y si pensamos en afrontar la nueva etapa con nuevas perspectivas?
La Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap) nos anima este año a animar a nuestros hijos a colaborar y a prestar atención a las necesidades que puedan tener sus compañeros de clase. Lo hace en un momento en el que la neurodiversidad está cada vez más presente en las aulas. Esto es, comparten su día a día niños que pueden tener trastornos del espectro autista (TEA), déficit de atención, hiperactividad (TDAH), dislexia u otras dificultades de aprendizaje. “Una escuela preparada para la neurodiversidad no solo ayuda a quienes necesitan apoyos específicos; enseña a todos los niños a convivir en una sociedad diversa, respetuosa y más inclusiva”, explican desde AEPap.
La asociación insiste en que “se debe avanzar” hacia aulas inclusivas en las que las diferencias no se perciban como un problema, sino como parte de la variabilidad humana. “La convivencia con compañeros que procesan la información de manera diferente puede ayudar a los niños a desarrollar empatía, tolerancia, capacidad para resolver conflictos y habilidades de colaboración. Un aula neurodiversa beneficia a todo el alumnado, no solo a quienes requieren apoyos específicos. Incluir no significa que todos tengan que aprender de la misma manera, sino ofrecer a cada niño lo que necesita para participar y aprender junto a sus compañeros”, señala la doctora Beatriz Fernández Prudencio, pediatra de Atención Primaria en Badajoz y miembro de AEPap.
Los profesionales que trabajan con la infancia avisan de que, en los últimos años, ha habido un aumento de casos de trastornos del neurodesarrollo. También, del reto que supone el diagnóstico. “En estudios epidemiológicos poblacionales, la prevalencia en niños es tres veces más frecuente que en niñas, pero existe infradiagnóstico”, subraya desde la entidad.
AEPap considera importante evitar que los diagnósticos se conviertan en etiquetas que definan al niño. “Un menor con TDAH no debe ser considerado simplemente distraído o inquieto, del mismo modo que un alumno con dislexia necesita estrategias y apoyos adaptados a su manera de aprender. Las medidas de apoyo no son privilegios, sino herramientas para garantizar la participación y la igualdad de oportunidades”, añaden.
La doctora Fernández Prudencio explica que, como pediatras, su papel no se limita a identificar un problema, sino también a entender cómo está afectando al niño en su día a día y acompañar a la familia en el proceso. “Esta mirada integral puede ayudar a que cada niño reciba el apoyo que necesita”, concluye.