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Maricarmen, hospitalizada a los 87 años tras ser desahuciada: cuando perder la vivienda también pone en riesgo la salud y los cuidados

La mujer salió en camilla de la casa en la que había vivido durante 71 años y permanece ingresada en el Gregorio Marañón, después de meses marcados por una progresiva pérdida de movilidad y autonomía

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Maricarmen, hospitalizada a los 87 años tras ser desahuciada: cuando perder la vivienda también pone en riesgo la salud y los cuidados
Imagen: Sindicato de Inquilinas e Inquilinos de Madrid (@InquilinatoMad)

Por Medicina Responsable

24 de septiembre de 2026

Maricarmen Abascal, de 87 años, permanece ingresada en el Hospital Gregorio Marañón después de haber sido desahuciada el miércoles 23 de septiembre de la vivienda del madrileño barrio de Retiro donde residía desde hacía 71 años. El desalojo se ejecutó al cuarto intento y, alrededor de las 13:00 horas, salió en camilla y fue trasladada por sanitarios del Samur al hospital, según informó EFE.

Su estado físico ya se había deteriorado durante los últimos meses. Maricarmen tiene reconocida una discapacidad del 50% y había pasado a necesitar una silla de ruedas para desplazarse. Según ha relatado ella misma a el diario El País, desde comienzos del verano había perdido masa muscular y fuerza y sufría también dificultades para comer por una prótesis dental y problemas de visión.

Este jueves, Maricarmen continúa ingresada en el Gregorio Marañón, donde está siendo sometida a pruebas y análisis para determinar su estado de salud, sin que por el momento se conozca cuándo recibirá el alta. El País, citando a personas de su entorno, informa de que presenta un cuadro de agotamiento severo relacionado con la ansiedad y el estrés sufridos durante el desalojo. Su abogada, Beatriz Duro, confirmó además en la Cadena SER que se encuentra "muy afectada". Por el momento, no se ha hecho público ningún parte médico del hospital que permita confirmar ese cuadro como diagnóstico clínico.

El desahucio tiene su origen en un litigio iniciado en 2018 en torno al contrato de renta antigua que el padre de Maricarmen firmó en 1956. Tras su fallecimiento, el alquiler se subrogó primero a su mujer y, cuando ella murió en 2005, pasó a su hija. La duración de esta segunda subrogación acabó enfrentando a Maricarmen con Urbagestión Desarrollo e Inversión, actual propietaria de la vivienda. Aunque inicialmente obtuvo una resolución favorable, la Audiencia Provincial la revocó y el Tribunal Supremo terminó respaldando la extinción del contrato: esta segunda subrogación solo podía prolongarse durante dos años, salvo determinadas excepciones, entre ellas tener reconocida una discapacidad igual o superior al 65%. Maricarmen tiene reconocido un 50%.

Antes de que se ejecutara el desahucio se plantearon distintas alternativas. Una escritora que pidió permanecer en el anonimato se ofreció a cubrir la diferencia entre el alquiler que pagaba Maricarmen y el reclamado por la propiedad, además de asumir la deuda. Este jueves, el pianista y escritor James Rhodes ha revelado en una entrevista en TVE que también trató de llegar a un acuerdo con la propiedad y que llegó a ofrecerse a comprar la vivienda para que Maricarmen pudiera permanecer en ella. Ninguna de las propuestas evitó finalmente el desahucio.

El caso llegó además al Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de Naciones Unidas, que en junio solicitó a España medidas provisionales ante las alegaciones de ausencia de una alternativa habitacional y riesgo de daño irreparable mientras examinaba el caso.

Maricarmen ha pasado su primera noche fuera de casa en el hospital acompañada por su primo Vicente, a quien considera un hermano. No quiere trasladarse a una residencia y desea permanecer cerca de su familia. Una de las opciones tras recibir el alta es alojarse temporalmente con Vicente y su mujer en Segovia. Paralelamente, James Rhodes ha asegurado este jueves que están buscando una nueva vivienda para Maricarmen y que él se ofrece a asumir el alquiler. Su abogada confirmó este jueves que Maricarmen todavía "no tiene alternativa habitacional". Cualquier traslado implicaría además reorganizar los apoyos que tenía en Madrid, donde contaba con ayuda a domicilio para tareas cotidianas.

El caso de Maricarmen pone así el foco en una dimensión que trasciende la pérdida de la vivienda: cómo proteger la salud, la autonomía y la continuidad de los cuidados de las personas mayores vulnerables cuando afrontan un desahucio.



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