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Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia

Las primeras médicos de la historia fueron mujeres

En el siglo XVIII la inglesa Margaret Ann Bulkey tuvo que disfrazarse de hombre y hacerse llamar James Barry para entrar en la escuela de medicina

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Las primeras médicos de la historia fueron mujeres

Por Pedro Gargantilla, director médico de Medicina Responsable

10 de febrero de 2023

Han pasado más de 130 años desde que Dolores Aleu Riera, perteneciente a la burguesía catalana, consiguiera terminar la licenciatura de medicina, convirtiéndose así en la primera mujer en lograrlo en nuestro país. Apenas tres décadas antes, otra mujer, Elizabeth Blackwell, tras ser rechazada en veintinueve facultades de medicina por su condición de mujer, lo había conseguido en Estados Unidos.

Afortunadamente la situación ha cambiado, y mucho. Fue en el año 2017 cuando, por primera vez en la historia de la sanidad española, el número de mujeres colegiadas era mayor al de los hombres. En este momento, la feminización es un hecho en las aulas de todas las facultades de nuestro país, tanto en el ámbito público como en el privado. En ellas la presencia de las mujeres está en torno al 70%.

Las primeras médicos fueron mujeres

Aleu y Blackwell pertenecen a una nómina de mujeres valientes y despreocupadas que no dudaron en hacer valer sus derechos en lo que, aparentemente, era un campo exclusivo para el sexo masculino. Pero para conocer a las primeras mujeres médicos tenemos que echar la vista mucho más atrás.

Sin duda alguna, y en contra de lo que algunos defienden, la profesión más antigua de la humanidad fue la de médico. No cuesta ningún trabajo imaginar a uno de nuestros antepasados prehistóricos limpiando las heridas a la orilla de un río, cuidando a un niño con fiebre, administrando plantas medicinales a un enfermo…

Hasta ahora el relato que se ha defendido es el de un varón, que tras regresar agotado a la cueva después de un día intenso persiguiendo a un venado, cogería los “pinceles” y se dedicaría a decorar las paredes con representaciones rupestres ante la atónita mirada de las mujeres. Una vez terminada la labor artística pasaría al “botiquín” dando solución a las dolencias de los miembros del grupo.

La verdad es que esta épica resulta difícil de defender. Parece mucho más racional pensar que fueron las mujeres del grupo las encargadas de mantener el fuego, de cuidar a la prole, de evitar que las alimañas entrasen en la cueva, las que, además, realizarían las representaciones rupestres para ayudar de una forma mágica a los varones en las labores de caza y las que cuidarían de los niños con fiebre, ayudarían a las embarazadas en el angustioso proceso del parto, a los tullidos que no podían salir con el grupo… En otras palabras, las primeras artistas y médicos de la Historia fueron las mujeres y no los hombres.

Disfrazadas de varón para poder ejercer

Cuando nos adentramos en el terreno de la Historia, aparecen figuras de la talla de Agnódice, una ateniense que vivió en el siglo IV a. de C que no dudó en disfrazarse de hombre para poder aprender medicina, o la de Hildegarda de Bingen, una mística, poeta y filósofa que vivió en el siglo XI y que no dudó en abandonar los muros del convento en el que vivía para atender los partos de las lugareñas.

En siglo XII vivió Trótula de Ruggiero, una apasionada de la medicina que desde las aulas de la prestigiosa Universidad de Salerno enseñaba ginecología. Una profesional que no solo escribió textos que fueron escritos y estudiados durante siglos en las universidades europeas, sino que además se atrevió a contradecir a Hipócrates negando el prejuicio de que la menstruación convertía a las mujeres en “venenosas”.

Los siglos fueron transcurriendo al paso acostumbrado, pero la equidad femenina lo hacía a un paso mucho más pausado. Como muestra un botón: en el siglo XVIII la inglesa Margaret Ann Bulkey tuvo que disfrazarse de hombre y hacerse llamar James Barry para poder entrar en la escuela de medicina. 

Cuando revisamos los Premios Nobel de Medicina las cifras son bochornosas. La primera mujer en ser galardonada con esta distinción –desde su primera edición en 1901- fue Gerty Cori en 1947 y lo tuvo que compartir con su marido. La segunda fue Rosaly Yalow tres décadas después y en este momento únicamente doce mujeres han sido galardonadas con el Premio Nobel de Medicina, frente a 212 varones.



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