Por Pedro Martínez
29 de agosto de 2025El término experiencias cercanas a la muerte (ECM) hace referencia a todas aquellas vivencias lúcidas que tienen muchos pacientes cuando, si su estado no mejora, se decretaría la muerte clínica. En estos casos, los pacientes no emiten señal cardíaca, no tienen respiración y sus electroencefalogramas son planos. Las ECM son eventos vividos muy intensamente por los pacientes y suelen suponer un importante punto de inflexión sus vidas.
Estas son un fenómeno que se lleva estudiando desde la década de los 70 y, desde entonces, muchos de los testimonios recogen rasgos y sensaciones comunes como la impresión de abandonar el propio cuerpo, una percepción más intensa de los sentidos, emociones muy profundas, el paso a través de un túnel, la visión de una luz intensa y la presencia de seres místicos o de familiares ya fallecidos. Además, los pacientes relatan una importante alteración del tiempo y el espacio, un proceso similar al repaso de toda la vida, la contemplación de paisajes luminosos difíciles de explicar, el encuentro con una frontera que marca un límite y, finalmente, el regreso al cuerpo que puede ser de manera voluntaria o involuntaria.
Tanto en niños como en adultos, las ECM registran los rasgos anteriormente descritos, lo que hace complicado pensar que estos sucesos se deban a influencias culturales o experiencias previas. Además, estos fenómenos no se limitan a la cultura occidental, sino que existen registros de ECM en todo el planeta y en todas las culturas y con los mismos rasgos comunes, lo que refuerza la hipótesis de que son experiencias reales y no meras invenciones de los pacientes que las relatan.
A pesar de estas similitudes, su prevalencia en todo el globo y la presencia a cualquier edad, no se tienen pruebas científicas que demuestren la existencia de estos fenómenos, pero tampoco se ha logrado desmentir la existencia de los mismos, por lo que se erigen como uno de los grandes misterios que aún persisten para la ciencia.
Un estudio de la Universidad de Virginia (Estados Unidos), estima que entre el 10% y el 20% de las personas que han sobrevivido a episodios de riesgo vital han experimentado una ECM. Estas personas aseguran que, tras dicha experiencia, tienen menos miedo a la muerte y un mayor aprecio y sentido por la vida.
Las ECM se distinguen en dos tipos, las agradables o neutrales, y las desagradables. Las personas que experimentan una ECM agradable cuentan cómo se han separado de su propio cuerpo observando todo lo que ocurre en “tercera persona”. Además, sienten una intensificación de los sentidos, especialmente de la visión y el oído; y el dolor no está presente durante estos episodios, independientemente de la patología o el accidente que los haya llevado hasta esa situación límite. De hecho, las personas únicamente describen una profunda paz y serenidad, mientras que la noción del tiempo se altera hasta el punto de sentir que pasado, presente y futuro ocurren a la vez.
Otra de las experiencias que se recogen dentro de las ECM es el conocido viaje a través del túnel, un pasadizo oscuro que acaba en una cegadora luz capaz de comunicarse telepáticamente y que trasmite una sensación de amor indescriptible. A lo largo de este camino, es habitual que los pacientes narren encuentros con familiares ya fallecidos, figuras espirituales, paisajes paradisíacos o ciudades luminosas.
Igual de conocido que el viaje a través del túnel es la revisión de la propia vida. Este evento también es comentado por pacientes que han experimentado una ECM, explicando que han podido revivir emociones y aprendizajes como si estuvieran revisando la galería de una cámara de fotos. Las ECM también incluyen visiones de futuro y la sensación de omnisciencia universal.
Estos episodios suelen concluir al encontrarse con una frontera o punto de no retorno en la que vuelven de forma voluntaria o involuntaria a su cuerpo físico. La vuelta involuntaria suele ser motivada por seres queridos y, en el caso de que sea voluntaria, suele ser por la sensación de tener una misión pendiente en la vida.
Aunque sean menos frecuentes, también existen algunas experiencias que resultan perturbadoras para aquellos que las viven.
Estas personas describen angustia a causa de la pérdida de control de la situación, así como miedo y tristeza por alejarse de sus seres queridos. Además, padecen la fase de revisión de la vida como un agrio juicio de las decisiones que han tomado en vida.
Dentro de las ECM desagradables existe otro tipo conocido como las nihilistas, caracterizadas por la sensación de vacío, irrealidad o inexistencia, lo que genera que el paciente tenga la percepción de que nada tiene sentido (oscuridad eterna).
El último tipo, y el más perturbador, de las ECM desagradables, son las infernales. En estas experiencias el paciente siente la presencia de unos seres malignos y es acosado por entidades grotescas y amenazantes. Además, relatan la escucha de desgarradores chillidos y sonidos terroríficos, así como variaciones térmicas extremas.
En ocasiones, las ECM pueden comenzar como una de las desagradables para acabar convirtiéndose en una agradable, por lo que no se podrían describir como compartimentos estancos, sino que más bien es un proceso que puede evolucionar positivamente.