
Por Pedro Gargantilla, director médico de Medicina Responsable
6 de febrero de 2026En los últimos días, unas declaraciones del ministro de Salud de Malasia han generado polémica al sugerir que el estrés podría “convertir” a una persona en homosexual. Sin embargo, desde el punto de vista científico y médico, esta afirmación carece por completo de fundamento.
La orientación sexual no es una conducta aprendida ni una respuesta a circunstancias externas como el estrés o las presiones sociales. Numerosos estudios en neurociencia, endocrinología y psicología del desarrollo indican que la atracción afectiva y sexual hacia personas del mismo o distinto sexo responde a una compleja interacción entre factores biológicos, genéticos y ambientales tempranos, pero no a experiencias puntuales ni a estados emocionales pasajeros.
Decir que el estrés “vuelve” a alguien gay equivale a decir que el cansancio o la ansiedad pueden cambiar el color de ojos: es una idea sin sustento científico y que contribuye a la desinformación y al estigma.
Organizaciones médicas de referencia -como la Asociación Psiquiátrica Americana y la Organización Mundial de la Salud- han dejado claro desde hace décadas que la homosexualidad no es una enfermedad, una conducta desviada ni algo que deba “curarse” o “prevenirse”. Más aún, los intentos de cambiar la orientación sexual han demostrado ser ineficaces y dañinos, por lo que son condenados por la comunidad médica internacional.
La labor de la divulgación científica es contrarrestar este tipo de creencias para proteger la salud mental y los derechos de todas las personas, independientemente de su orientación sexual.