
Por Medicina Responsable
11 de febrero de 2026La Sociedad Española de Epidemiología (SEE) y la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS) han elaborado un informe de posicionamiento en el que advierten sobre la desigualdad de género que persiste en el campo de la investigación y docencia de las ciencias sanitarias. En concreto, el documento apunta que las mujeres que se dedican a la enseñanza univeristaria en esta rama cobran, de media, un 18% menos que los hombres que desempeñan esa misma labor.
Esta brecha salarial es aún más elevada en el caso de los complementos salariales, donde se sitúa en un 27,4%. En base a estos datos, los expertos advierten de que, a pesar de las políticas y medidas implantadas en los últimos años, se han producido “escasos” avances en esta cuestión en los últimos años. En esta línea, subrayan que las mujeres están infrarrepresentadas en la generación de conocimiento científico, en el liderazgo académico y en el desarrollo tecnológico, lo que afecta directamente a la calidad de la evidencia científica y amenaza la salud pública. Además, señalan que siguen sufriendo sesgos en los procesos de selección y contratación, así como una marcada brecha salarial.
A pesar de que las mujeres son mayoría en muchos ámbitos de las ciencias sanitarias (representan, por ejemplo, el 68% de los profesionales sanitarios colegiados en España), desde estas entidades aprecian que persisten “notables desigualdades en el acceso a puestos de responsabilidad”. Algo que ejemplifican con las solicitudes y evaluaciones positivas para la acreditación a cátedras universitarias en esta rama, donde las mujeres solo suponen el 35%. Además, señalan una segregación vertical en órganos de decisión clave, como el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud (CISNS): si bien la participación femenina en este órgano ha aumentado del 42% en 2005 al 61% en 2022, esta representación disminuye significativamente en los niveles jerárquicos más altos.
La SEE y SESPAS apuntan que estas desigualdades se construyen de forma progresiva y comienzan en la adolescencia, donde los estereotipos de género y la falta de referentes femeninos “influyen negativamente en las expectativas y trayectorias formativas de niñas y jóvenes”, algo que se pone de manifiesto especialmente en el campo de las denominadas STEM: ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas.
A estas circunstancias, el documento añade la penalización asociada a la maternidad y a los cuidados. Los modelos de promoción académica y científica favorecen las trayectorias masculinas lineales. En el contexto universitario, la maternidad limita la participación en estancias postdoctorales y redes internacionales, y exacerba la brecha salarial. Una realidad que, advierten los expertos, “contribuye al abandono de investigadoras altamente cualificadas y a una pérdida de talento que empobrece el sistema científico en su conjunto”.
En su posicionamiento, SEE y SESPAS también advierten sobre un riesgo emergente que contribuye a aumentar las desigualdades: la aplicación de la inteligencia artificial en salud sin perspectiva de género. Los expertos recuerdan que la IA “no es una tecnología neutral”, y que puede reproducir y amplificar los sesgos existentes en los datos y en los equipos que la desarrollan.
La baja presencia de mujeres en el ámbito de la formación online para IA y Big Data (apenas alcanzan el 30%), así como la escasa diversidad en los equipos de diseño de algoritmos, incrementan el riesgo de generar herramientas que infraidentifiquen necesidades de salud, prioricen de forma desigual los recursos o perpetúen desigualdades ya existentes.
En un contexto en el que la IA se utiliza cada vez más para el diagnóstico, la gestión sanitaria y la investigación epidemiológica, advierten de que la ausencia de una gobernanza ética y de estándares de equidad puede tener consecuencias graves para la salud de las mujeres y de otros grupos infrarrepresentados.
En este sentido, proponen una respuesta estructural y coordinada en la que se incluyan medidas como la implementación obligatoria de la coeducación y la visibilización de referentes femeninos en ciencia y salud pública, o la revisión de los criterios de evaluación y promoción profesional, para eliminar sesgos y penalizaciones asociadas a los cuidados. Asimismo, insisten en la necesidad de incorporar sistemáticamente la perspectiva de género en la investigación y en el desarrollo de herramientas de inteligencia artificial en salud, y de crear estándares y mecanismos de certificación que evalúen los sesgos en proyectos científicos y tecnológicos.