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Más de 10.000 camas cerradas y urgencias al límite: la sanidad afronta otro verano sin personal suficiente

Los sindicatos alertan de consultas suspendidas, quirófanos cerrados y urgencias tensionadas, mientras las consejerías niegan que exista una situación extraordinaria

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Más de 10.000 camas cerradas y urgencias al límite: la sanidad afronta otro verano sin personal suficiente
Foto del Sindicato de Enfermería SATSE

Por Santiago Melo

5 de agosto de 2026

El verano vuelve a dejar al descubierto uno de los problemas estructurales de la sanidad española: la falta de profesionales para cubrir las vacaciones y mantener la actividad asistencial. El sindicato de Enfermería SATSE estima que más de 10.000 camas hospitalarias permanecerán cerradas durante la temporada estival, una reducción que se suma a la suspensión de consultas, pruebas diagnósticas, intervenciones quirúrgicas y servicios de Atención Primaria.

El sindicato atribuye esta situación a que los servicios de salud no sustituyen a todos los profesionales que se ausentan por vacaciones, enfermedad o permisos. En algunas comunidades, por ejemplo, el porcentaje de enfermeras que no son reemplazadas puede alcanzar el 40% o el 50%, lo que obliga a las plantillas disponibles a atender a más pacientes con los mismos recursos y en el mismo tiempo.

Paloma Repila, portavoz de SATSE, explica a Medicina Responsable que las cifras de camas cerradas comunicadas al comienzo del verano siguen vigentes porque los planes se organizan para toda la temporada, no mes a mes. Sin embargo, advierte de que el número real podría ser todavía mayor debido a la falta de información de algunas administraciones. “Hay comunidades autónomas y servicios de salud que no te van a dar las cifras. Los servicios de salud no siempre actúan con transparencia en este sentido, porque es un tema controvertido”, señala.

Los datos recopilados por el sindicato apuntan a 2.125 camas cerradas en Andalucía, al menos 1.500 en Cataluña, unas 700 en Castilla y León, 600 en Galicia y 595 en Aragón. A estas se suman 430 en Euskadi, 400 en Asturias, 260 en Extremadura, al menos 200 en Murcia, 142 en Cantabria, otras 142 en Castilla-La Mancha y 123 en Navarra. SATSE no ha podido obtener datos completos de la Comunidad de Madrid ni de la Comunidad Valenciana, por lo que ha utilizado como referencia los cierres registrados en años anteriores para situar la estimación nacional por encima de las 10.000 camas.

Paloma Repila sostiene que el problema no se limita a la hospitalización. “No es solamente el cierre de camas, es el cierre de consultas externas, de quirófanos y de todas las actividades que se realizan, tanto en la atención hospitalaria como en la Primaria”. Esta menor oferta asistencial se traduce en citas más lejanas, pruebas aplazadas y operaciones que se retrasan hasta después del periodo estival.

Urgencias tensionadas y versiones enfrentadas

Las consecuencias se perciben especialmente en las Urgencias. Cuando no hay camas disponibles en las plantas, los pacientes que necesitan ingresar permanecen durante más tiempo en estos servicios. Además, la reducción de la actividad en los centros de salud y las dificultades para conseguir una cita trasladan parte de la demanda a los hospitales.

En el Hospital Universitario La Paz, en Madrid, trabajadores de Urgencias han denunciado la presencia de pacientes en los pasillos mientras permanecía cerrada una sala con 12 camas. Según la plantilla, una estancia equipada con 12 puestos llegó a acumular 26 pacientes y otra, con capacidad para 31, atendió a 53. También contabilizaron 83 personas para siete consultas y otras 27 pendientes de una primera valoración.

La Comunidad de Madrid ha negado que exista un colapso y sostiene que las cifras de usuarios se encuentran dentro de la normalidad. La Consejería de Sanidad defiende que no cierra camas durante el verano, sino que adapta su distribución a la demanda, y atribuye parte del aumento de la presión asistencial a las olas de calor y al déficit de profesionales que afecta al conjunto del Sistema Nacional de Salud.

Una discrepancia similar se ha producido en Baleares. SATSE denuncia una “saturación insostenible” en hospitales, Atención Primaria y el servicio de emergencias 061, mientras la Consejería de Salud habla de “absoluta normalidad”. En las Urgencias del Hospital Son Llàtzer, el sindicato cifra en 35 la media diaria de pacientes pendientes de ingreso durante julio, pese a que una planta continúa cerrada.

La presión se extiende a otros centros de las islas. En el Hospital Son Espases, SATSE denuncia que permanecen sin cubrir 60 contratos de Enfermería y siete plazas de matronas. En Menorca, el aumento estival de la población incrementa la demanda y, en Ibiza, el Hospital Can Misses ha llegado a registrar esperas de hasta 12 horas en Urgencias.

La dificultad para atraer profesionales se agrava en los territorios insulares por el precio de la vivienda y el coste de la vida. “No es muy eficiente para el profesional desplazarse tres meses a Ibiza a hacer una suplencia con lo que cuesta una vivienda allí”, explica Repila. La portavoz señala que este verano Canarias está recurriendo incluso a contratos mensuales, una fórmula que impide saber con suficiente antelación cuántos trabajadores estarán disponibles durante toda la campaña. “Se están intentando tapar huecos sobre la marcha”.

La Comunidad Valenciana también afronta tensiones. El sindicato médico CESM-CV ha rechazado el plan de contingencia del Departamento de Salud de Sant Joan d’Alacant por considerar que habilita nuevos espacios asistenciales sin aumentar el número de médicos. Según sus datos, solo se está sustituyendo al 16% de los facultativos que se van de vacaciones, mientras el 84% de las ausencias queda sin cubrir.

Falta de planificación y plantillas al límite

El aumento de población durante el verano agrava estas carencias en zonas costeras, rurales e insulares. Paloma Repila recuerda que estos cambios son previsibles y que algunos territorios conocen con bastante precisión cuántos pacientes adicionales van a atender. A ello se suman emergencias como los incendios forestales, que obligan a cerrar centros sanitarios y trasladan más presión a los hospitales y a los servicios de urgencias y emergencias. “Los veranos ya son previsibles. No sabemos dónde, cómo ni cuándo, pero sabemos que en las zonas costeras habrá población flotante, que habrá grandes emergencias como incendios y que tendremos problemas de escasez de profesionales en las islas”, afirma la portavoz de SATSE a Medicina Responsable.

La organización reclama que los planes de contratación dejen de limitarse a cubrir parcialmente los meses estivales. Su propuesta pasa por ofrecer contratos de al menos seis meses y dimensionar mejor las plantillas, teniendo en cuenta que el final del verano prácticamente enlaza con el aumento de la demanda provocado por la campaña de gripe y las infecciones respiratorias del otoño. “Cuando a un profesional le das estabilidad durante seis meses frente a un contrato de uno o dos, la decisión está más que tomada”, señala Repila. Para SATSE, una planificación más prolongada permitiría atraer y retener trabajadores, evitaría la competencia entre comunidades por un número limitado de profesionales y reduciría la improvisación.

El sindicato advierte además de que la sobrecarga tiene consecuencias sobre la salud de las plantillas. Jornadas más largas, cambios de turno, renuncia a descansos y atención simultánea a más pacientes aumentan los casos de estrés, ansiedad, agotamiento emocional y síndrome de desgaste profesional. En algunos centros de Pontevedra, asegura SATSE, servicios que habitualmente cuentan con siete enfermeras han llegado a funcionar con solo dos.

A esta presión se añade la reubicación de pacientes en unidades que no corresponden a su enfermedad debido al cierre de camas o plantas completas. En esos casos, el personal que los recibe puede no disponer de los medios específicos o de la experiencia necesaria, lo que, según el sindicato, perjudica tanto la calidad asistencial como la seguridad.

La falta de médicos en nuestro país es una cuestión sobre la que llevan alertando las comunidades autónomas desde hace años, aunque para algunas sociedades científicas, el problema no es tanto de la falta de profesionales sino de su distribución. Según el estudio sobre la demografía médica 2025 de la OMC, no faltan médicos en España. Eso no quiere decir que no haya especialidades donde pueda darse ese déficit, como medicina familiar y comunitaria, pero en general no hay escasez de profesionales. El problema que vive nuestro país, según las conclusiones extraídas de ese informe, radica en la desigual distribución que hay a nivel territorial.

Otro caso diferente es el de las enfermeras. Según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) en España hay 6,2 enfermeras por cada 1.000 habitantes, frente a una media europea de 8,4. Para SATSE, cerrar camas es la “salida fácil” frente a un problema que requiere aumentar las plantillas, mejorar las condiciones laborales y ofrecer contratos estables. “Lo que se convierte en normal no significa que tengamos que dejar de luchar para mejorarlo”, concluye Repila. “Nos seguimos enfermando durante las vacaciones y la atención sanitaria es un proceso que no se detiene”.



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