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La alimentación, clave antes, durante y después del cáncer

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Por Lucía de Mingo

5 de septiembre de 2022

Según diversos estudios, más del 30% de los cánceres se podrían haber prevenido si se hubieran adquirido hábitos dietéticos que modificaran el estilo de vida del paciente. Por ello, es fundamental seguir una correcta alimentación ya que juega un papel fundamental en la patología oncológica, desde su prevención hasta la fase final de la enfermedad. De hecho, puede llegar a influir en su pronóstico, evolución e incluso en la respuesta a los tratamientos oncológicos.

El cáncer es una enfermedad genética y crónica que está producida en la mayor parte por una exposición ambiental. El Instituto Nacional del Cáncer (NIH) la define como “el contacto con sustancias químicas, biológicas o físicas que se encuentran en el aire, el agua, los alimentos o el suelo y que tienen un efecto dañino en la salud de una persona”.   

Pedro José Robledo Saenz, responsable de la Unidad de Nutrición Clínica y Dietética de MD Anderson Cancer Center de Madrid, sostiene que hay muchos factores que intervienen en el desarrollo del cáncer relacionados con el consumo de alimentos. Entre ellos el excesivo aporte energético, la falta de variedad, el cocinado inadecuado y el consumo excesivo de procesados y ultra procesados. Estos, acompañados de la falta de ejercicio, contribuyen a la aparición de obesidad y diabetes tipo 2. La evidencia científica establece una relación causal de la obesidad y la diabetes tipo 2 con algunos tumores como el de mama, el de colon, el de próstata, el de páncreas y el renal.

 

De acuerdo con el estudio NutriNet – Sante (2018), elaborado en Francia,  un 10% de las personas que realizaban una dieta inadecuada y con un alto consumo de alimentos procesados desarrolló un tumor. Éste se hizo con una muestra de 104.000 personas y tuvo un seguimiento de 11 años.

 

Alimentos “protectores” y alimentos “prohibidos”

La American Society of Clinical Oncology establece que es complicado encontrar conexiones directas entre los alimentos y el cáncer. Hay muchas sustancias presentes en los alimentos que incrementan o disminuyen el desarrollo de esta enfermedad. Aunque también influye la cantidad ingerida, el modo de preparación o la interacción que puede tener con la ingesta de otros alimentos o bebidas.

Robledo incluye dentro del grupo de alimentos recomendados los vegetales y las frutas, por su aporte en fibra y vitaminas minerales. También recomienda el consumo de proteínas de origen vegetal, como las legumbres, y de origen animal con bajo aporte graso, como el pescado. 

Sin embargo, “elaboraciones culinarias inadecuadas, el consumo excesivo de carnes rojas y grasas saturadas o alimentos ultraprocesados, contribuyen a la enfermedad oncológica”. Existen nutrientes de alimentos que, ingeridos en exceso, pueden llegar a generar problemas de salud, como los azúcares refinados y las grasas de animales.

Una dieta muy nuestra
La dieta mediterránea está reconocida por la comunidad científica como una potente herramienta contra las enfermedades cardiovasculares, la diabetes tupo 2, la obesidad o el cáncer. Por ello, Robledo considera que la dieta mediterránea es una buena apuesta por diferentes razones:

1.      La variedad, disponibilidad en el mercado y bajo aporte calórico de sus alimentos.

2.      La inclusión del aceite de oliva.

3.      El alto consumo de legumbres y cereales.

4. El aporte proteico de origen animal (fundamentalmente de aves, huevos, pescados y en menor grado de carnes rojas no procesadas).

Durante el tratamiento del cáncer hay pacientes que pierden el apetito, tienen alteraciones del gusto y del olfato, dificultad para tragar, náuseas, diarrea, estreñimiento… Incluso hay cambios posquirúrgicos que influyen sobre la digestión y absorción de nutrientes. “El tipo de terapia que va a recibir el paciente tiene influencia sobre su estado nutricional y calidad de vida, ya que puede generar diferente sintomatología”. Desde la Asociación Española contra el Cáncer han elaborado una guía en la que presentan diferentes recetas que permiten que, a pesar de la sintomatología, el paciente tenga una buena y equilibrada alimentación.

El paciente debe tener en cuenta su situación nutricional en el momento en el que le diagnostican el cáncer. Su dieta debe basarse en “el bajo consumo de azucares refinados, aumento de consumo de frutas y verduras y un aporte proteico con bajo consumo de carnes procesadas y rojas. Todo ello, adecuado a sus necesidades calóricas”.



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