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Enfermedades

Día Internacional del Cáncer Infantil

Jaime, el pequeño héroe que ha vuelto a sonreír

Hace casi un año, Jaime tenía un carcinoma cerebral que puso en riesgo su vida. Tras realizarle un autotrasplante de su propia médula ósea en el Hospital Niño Jesús y extirparle gran parte de su tumor, hoy Jaime vuelve a sonreír

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Por Gema Puerto

15 de febrero de 2023

“Es un niño feliz, juega con sus amigos y asume contento ir al hospital habitualmente. Ahora ya no recibe quimioterapia, pero necesita revisiones de oncólogos, pruebas de imagen, otorrinos, oftalmólogos, fisioterapeutas, neuropsicólogos, psiquiatras, oftalmólogos... Él adora a los médicos y a las enfermeras; el hospital es su segunda casa”, nos cuenta la madre de Jaime, que además es médico y conoce en profundidad la enfermedad.

Cuando la preguntamos qué les diría a otros padres que pasan por la misma situación, María no lo duda y da un mensaje de esperanza: “que te digan que tu hijo tiene cáncer es la peor noticia que un padre puede recibir. Es normal tener ira, tristeza…Pero no hay que perder la esperanza. Los niños son los mejores pacientes que los médicos pueden tener. Tienen mucha fortaleza y son héroes. Gracias a nuestro amor pueden luchar”.

El estudio del ADN de Jaime sirvió como llave para que el equipo del doctor Luis Madero, jefe del Servicio de Oncohematología del Hospital Infantil Niño Jesús de Madrid, diseñara terapias y fármacos personalizados para su caso. Para ello estudiaron su genoma completo y procedieron a desarrollar el ensayo clínico específico que más le convenía para su curación antes de someterle a su propio autotrasplante de médula ósea.

“Hay partes del tejido cerebral del tumor que no se pudieron quitar porque afectaba al cerebro. Ha pasado por cuatro quimioterapias. Las últimas fueron muy agresivas y le dejaron sin defensas. El hospital madrileño Niño Jesús es puntero en esta técnica. Le sacaron muestras de su médula ósea y le tuvieron aislado sin que nadie pudiera acercarse a él para evitarle cualquier tipo de infección. Además de la quimioterapia, le dieron 30 sesiones de protonterapia (se diferencia de la radioterapia en que es más selectiva y así se minimizan los riesgos y el daño que pueda producirse en el cerebro). Todo fue bien, pero hasta que no pasen dos años de tratamiento no baja el riesgo. Aun así, “cada día que pasa es un día más de esperanza y ánimo para que esta pesadilla acabe”, añade María.



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