
Por Luis del Val
26 de octubre de 2026Los seres humanos, como los yogures, tenemos fecha de caducidad, pero no nos la ponen sobre la piel. Y algunos seres humanos observan a las personas viejas con la mirada sospechosa de quien está ante un yogur caducado.
Y percibir eso, en la vida cotidiana, parece que duele más que los achaques de la vejez.
La prueba es que están aumentando los suicidios entre los octogenarios. Y, si hay muchos que piensan que eso es bueno para aliviar la carga de las pensiones, es que aumentarán los suicidios. Lo que digo no es cruel. Lo cruel es el edadismo, que observa al anciano como un problema.